Las pérdidas de Morgan Stanley, la elevada correlación que vienen mostrando desde noviembre el precio de las acciones y el del petróleo, las nevadas (ya no alcanza la sal común para derretir el hielo y se usa hasta la sal de ajo), el temor a las implicancias de la nueva estrategia de la Fed, el desplome del dólar (pierde un 8,7% en lo que va de diciembre), el casi 3% que avanzó el oro, el derrumbe de la tasa de 10 años al 2,2%. En realidad, cualquier cosa sirve y ninguna alcanza para explicar el 1,12% que perdió el Dow en la víspera, al cerrar en 8.824,34 puntos. Por ejemplo, los papeles financieros arrancaron con una merma del 3%, trepaban un 3% pasado mediodía y quedaron perdedores en un 1,3% cuando sonaba la chicharra de cierre (lo peor les tocó a los papeles financieros). El petróleo arrancó ganando un 0,3%, perdía casi un 3% minutos antes de que la OPEC amenazara con un brutal recorte de producción, ahí se puso otra vez ganador, y terminó el día derrumbándose un 8 por ciento, a u$s 40,06 por barril (por un lado, no se le cree a la OPEC y por otro, se teme que la recesión sea más brutal que cualquier amenaza). Mirando sólo los valores de cierre (las acciones perdieron apenas un 20 por ciento de lo ganado el martes), se podría generalizar en que la jornada financiera de ayer terminó idéntica a la anterior y que ambas están en línea con lo que quiere la Fed (tasas bajas, devaluación, precios contenidos). Ahora, ¿es eso lo que quiere el mercado? Por suerte, se acerca la Navidad.
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