27 de mayo 2011 - 00:00

El algodón resiste

El algodón resiste
El algodón, sin duda, es uno de los cultivos más antiguos que tiene el país, aunque corrió con suerte dispar en su larga historia, hasta casi el riesgo de desaparición en las primeras campañas de este siglo (2001/2002), lo que obligó a importar la preciada fibra.

Pero tras ese piso, comenzó una franca recuperación que, aunque aún no alcanza los récords de los 90, cuando se sembraron más de un millón de hectáreas, con casi 1,4 millón de toneladas de algodón en bruto de cosecha (95/96), iba camino a una gran consolidación.

De la mano de los precios internacionales más altos que se conocen en la historia moderna del cultivo, suba que arrancó a mediados del año pasado, pero que logró el máximo hace dos meses, al tocar los u$s 3,90 por kilo, y de los avances tecnológicos, especialmente las nuevas semillas y variedades (muchas transgénicas) que permiten ahora superar en promedio los 2.000 kilos de fibra bruta por hectárea contra los alrededor de 1.000 kilos de los 80, el algodón comenzó a recuperar rápidamente su rol en el norte del país, al punto que la campaña pasada se superaron las 750.000 toneladas, y para este año se calculan más de 900.000 toneladas de algodón en bruto a nivel país.

A poco de terminar la cosecha, el volumen, sin embargo, podría haber sido bastante mayor si no hubieran mediado fuertes ataques del picudo algodonero, plaga que se sigue extendiendo desde los países limítrofes y que afecta fuertemente los rindes, aunque perjudicó, en general, a los cultivos de menor extensión que, en gran medida, se concentran en Chaco, mientras las grandes extensiones que están caracterizando los nuevos desarrollos en Santiago del Estero resultaron hasta ahora sin daño, probablemente por el sistema mucho más aceitado y cuidado de control y monitoreo de la plaga que pueden hacer en forma privada los grandes productores.

De todos modos, el espectacular avance de las cotizaciones que, como en muchos otros productos, recibió el fuerte respaldo de la demanda china (principal productor e importador de la fibra), las malas condiciones climáticas en otras zonas productoras (Australia, India y Pakistán), el aumento en los costos de producción y transporte por la suba del petróleo, pero también las inversiones especulativas disparadas por la abundancia de dinero barato en el mundo, inyectado por los principales bancos centrales, más la falta de stock confluyeron para que el algodón lograra los extraordinarios niveles de principios de marzo.

Lógicamente, una escalada alcista de tal magnitud, que hizo que se triplicaran en pocos meses los precios promedio de u$s 1,10-1,20 por kilo, hasta casi rozar los u$s 4 (récord desde la Guerra Civil estadounidense y desde que existe el mercado de futuros de algodón en ese país) provocó una obvia rápida reacción de los compradores que, en parte se replegaron y en parte incrementaron los porcentajes de fibra sintética en los tejidos para abaratar los costos. Así, desde entonces, las cotizaciones ya retrocedieron el 40% (que igual es un precio muy bueno), y se espera que paulatinamente se vayan normalizando en la medida en que comiencen a entrar las nuevas producciones aumentadas, por incremento en las áreas de siembra y mejoras en las condiciones climáticas.

Del cielo al infierno

Pero como sucede a veces en la Argentina, se llega tarde y no con las mejores soluciones, el alza en el precio internacional de la fibra provocó alarma entre los industriales textiles que, ante la falta de autorización para subir los precios de las prendas al público habrían pedido otras formas adicionales de protección.

Tras descartar un aumento de las retenciones del cultivo que están, hasta ahora, en el 5%, básicamente por el rechazo de los gobernadores de las provincias productoras, especialmente Chaco y Santiago del Estero, donde la recuperación del cultivo venía siendo notable, se barajaron otras alternativas.

A partir de allí sólo hubo rumores sobre restricciones a la exportación, ROES, aprovisionamiento a precio fijo para recién allí dejar exportar, etc., todo lo cual vino a alterar profundamente el mercado justo en el momento en que comenzaba la zafra local (hoy a pleno) y cuando las cotizaciones internacionales comenzaban a reacomodarse.

De hecho, de los 211 centavos la libra en marzo pasado, ahora se ronda los 155 centavos, con tendencia a bajar más. Pero, como dicen en el mundillo algodonero, «el mostrador está frío», ya que los compradores se retiraron «preventivamente» ante la incertidumbre sobre lo que puede pasar o las medidas que puede imponer el Gobierno, que podría repetir en el algodón los problemas de otros mercados como el del trigo o el maíz.

Para algunos, alterar la plaza con una cosecha de 270.000-300.000 toneladas de fibra, cuando el consumo interno está totalmente abastecido (ya que absorbe alrededor de 170.000 toneladas por año), sería una muy mala señal que podría revertir la tendencia a la recuperación.

Hoy todavía el panorama general es bueno y los precios, redituables. «Sólo el picudo y una mala medida administrativa, como la restricción a las exportaciones, que afecta especialmente a los pequeños productores, podrían desalentar el avance del algodón, y hay que tener en cuenta que la soja sigue siendo un gran competidor», señaló un broker del mercado. El caso es que si se quita artificialmente liquidez cerrando parcial o totalmente el mercado, la opción directa será un nuevo vuelco hacia el «yuyo», frustrándose así la recuperación de la fibra.

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