El “ángel de la muerte”, según la visión de Ortega

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Recibida elogiosamente en el último festival de Cannes, la película relata la vida del famoso asesino serial de los 70, Carlos Robledo Puch, aunque su director dijo que el acento no está puesto en el aspecto policial de la historia.

"El Ángel", la nueva película de Luis Ortega, ofrece un retrato de Carlos Robledo Puch, asesino serial que protagonizó uno de los casos policiales más resonantes en los tempranos años 70. El film, que recibió halagos en la última edición del Festival de Cannes, se estrenará el 9 de agosto, distribuido por 20th Century Fox. Robledo Puch, arrestado el 4 de febrero de 1972, con apenas 20 años y una extensa lista de delitos, entre ellos 11 asesinatos, cumple cadena perpetua en la cárcel de Sierra Chica. Sin embargo, el film de Ortega, producido por El Deseo (de los hermanos Almodóvar); Underground, K&S y Telefé, no es una "biopic" ni profundiza en detalles de los crímenes cometidos por el llamado "ángel de la muerte". El guión se enfoca en el mundo interior del personaje: un adolescente irreverente, con estampa de un inocente que parece vivir en una realidad paralela.

"Alguien que hace el mal no es necesariamente malo", sostuvo Ortega en la reunión de prensa, en la que también participaron productores y algunos de los actores del elenco: Lorenzo Ferro, Chino Darín, Mercedes Morán, Daniel Fanego y Peter Lanzani. Según el director, "la decisión de sacarle el jugo a un mundo oscuro no parece sensato si uno no tiene algo importante que decir o que aportar al respecto. Lo más fácil hubiese sido llevar la película hacia el lugar del mal, uno terrible, incluso desagradable de ver. Pero queríamos contagiar una vitalidad y unas ganas de vivir que quizás se contradigan con que el protagonista sea un asesino", explicó.

"Carlitos", interpretado por el debutante Lorenzo Ferro, tiene gestos de niño obediente y hasta conductas honestas. Sebastián Ortega, director general de la productora Underground, admitió que tomaron un gran riesgo al contratar a Ferro, sin experiencia actoral. "Luis buscaba irreverencia, inocencia e inconsciencia en la mirada. Pensaba que solo lo iba a encontrar en alguien que no hubiese transitado por el cine y la televisión. Y un día le llegó una foto de Toto (Ferro): tenía un carisma que el director vio de inmediato", señaló. La idea de un debutante al frente de una producción importante no convencía del todo e hizo que pasaran unos mil jóvenes por un casting. Pero, aseguró el productor, "a pesar de que había buenos actores ninguno tenía su frescura".

Esa actitud es la que acentuó el realizador al escribir el guión, junto a Sergio Olguín y a Rodolfo Palacios, autor del libro "El ángel negro: La feroz vida de Carlos Robledo Puch" (Sudamericana).

En principio, sostuvo el director de "Caja Negra", "la pureza y la inocencia con que este personaje vive, que pueden ser casi ejemplares y muy a contrapelo de sus acciones. Pero este terreno es el que el misterio del cine nunca pretende vulnerar: ¨Por qué alguien hace lo que hace? ¿Cómo es el mundo de un niño? Muchos de nosotros ya nos olvidamos de lo que significa no tener conciencia de la muerte, del dolor ajeno, de nunca haber tocado un cadáver". Agregó que "son cosas que lo colocan a uno de un lado de la vida que hacen que todo sea bello: esa belleza existe a pesar de nosotros, de las acciones y de la historia".

Esa fuerza se ve potenciada por la banda sonora del film, apoyada en clásicos del pop y rock de los años 70. Sebastián Ortega señaló que Robledo Puch marcó un punto de inflexión en el modo de percibir a los criminales: echó por tierra la teoría lombrosiana, que define a posibles delincuentes por algunos rasgos físicos. "Robledo Puch rompió el paradigma del asesino negro, feo y orejudo. Hoy tenemos ladrones de ojos claros", dijo. El director del film sostuvo que ese concepto se subrayó en el film con la "presencia física" de los tres actores jóvenes, que dan vida a Carlitos y sus compinches, interpretados por Darín y Lanzani.

"Todos tienen una belleza que tal vez se contradice con lo que son y lo que hacen. De alguna manera, pretendimos que lo que es sagrado siga siéndolo y no ponernos en el lugar de querer entender algo que no es muy comprensible, como lo que ocurrió", afirmó. Aseguró que tanto él como los productores eligieron pararse "en el lugar de la fascinación ante la vida, de admiración ante las otras personas". "La licencia que nos dimos fue esta historia de admiración mutua entre ambos chicos, Carlitos y Ramón (Darín): un amigo, a esa edad, siempre es un héroe", señaló. "Queríamos contagiar la vitalidad y las ganas de vivir de este personaje, a pesar de que se trata de un asesino. Si existe una moral en esta película es la de no dejarse corromper a pesar de las otras personas o de estar rodeado de un ejército", concluyó.

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