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El aparato chavista copa la calle en Caracas para paliar el “efecto Capriles”
PROLIFERAN PINTADAS Y CARTELES EN APOYO A UN LÍDER MENOS ACTIVO
Hugo Chávez realizó ayer un acto de campaña en el estado de Yaracui, en el que fue acompañado por su hija Rosa Virginia. La caravana presidencial avanza hacia Caracas, donde mañana realizará su acto de cierre.
En la pancarta, el tordillo que monta el Libertador se alza de manos apoyado en las patas traseras. Jinete y equino miran a la derecha: es una excepción, una licencia iconográfica en aras del proselitismo (también, claro, del sentido del tráfico), porque Hugo Chávez, revisionista, hizo dar vuelta a todos los Bolívares de a caballo para que apuntasen, como corresponde, hacia la izquierda.
Pero, además, que el visitante no se equivoque. Lo de Bolívar es apenas un botón de muestra. Una procesión de Chávez; Chavecitos y SuperChávez, en figura o en escuetas letras gráficas, acompaña estratégicamente a quienquiera que transite la autopista que conecta el aeropuerto con el centro de Caracas.
Venezuela, la tierra de Hugo Chávez, presente en la historia del país desde 1992, cuando encabezó el golpe militar contra el presidente Carlos Andrés Pérez y permanente en el palacio de Miraflores desde 1999, cuando asumió la primera de sus tres presidencias. Una cuarta, que podría apoltronarlo en el poder hasta 2018, está en disputa en las elecciones de este domingo, cuando los venezolanos elegirán entre el bolivariano de 58 años y su opositor, Henrique Capriles, de 40. Pero esta vez, la historia podría imponerle un recodo: por primera vez en el recorrido presidencial de Chávez, un candidato de la oposición -reunida y armonizada en la Mesa de Unidad- amenaza seriamente su hegemonía ininterrumpida.
Mientras tanto, la ruta sigue. «El camión es con Chávez», reza una «pintada» tricolor rojo, azul y amarillo que, interminable, sobre un muro blanco, hace referencia al vehículo en el que se traslada el bolivariano en sus actos proselitistas. «Necesita su carroza», dirá después desde el mercado popular de Quinta Crespo, Johan, un bodeguero (almacenero), que sonríe cuando le agrega a Ámbito Financiero «que el presidente está curado, que la vaina de malas por suerte ya pasó para mi comandante». En el promedio debe estar Johan, porque el tema de la enfermedad de Chávez hace 90 días que dejó de ser un eje de campaña.
«Pueblo, pa lante, cumpliendo la Misión», es el cartel (esta vez tricolor) que anticipa apenas unas cuadras antes la proximidad de un CDI (Centro Médico de Diagnóstico Integral), una de las variables del plan social Misión Barrio Adentro, dedicado a la salud. «Chávez en el corazón», resume el siguiente cartel.
«Palante», la ruta sigue y, cuando la autopista que nos lleva a Caracas busca empinarse, aparece otro gigante. Esta vez es un edificio de monobloc, bien blanco, con rayas verdes. En los pisos más altos, abarcando todo el frente, en rojo se lee: «Tú también eres Chávez».
Todavía falta para llegar al mercado Quinta Crespo: la ruta se esconde ahora bajo dos túneles. Túneles del tiempo, casi, porque antes de atravesarlos, suspendidos desde el arco de medio punto, Francisco de Miranda, en el primero, y Antonio José de Sucre, después, bendicen al pasante. Y luego, esa galería histórica de libertadores y revoluciones se empeña en quedarse detenida en ese siglo XIX: a la derecha, sobre un poste, un cartel con la cara de José Martí; a la izquierda, otra vez Sucre; más adelante, otra vez Bolívar. Y de repente, el presente se entremezcla con el pasado en una síntesis de la revolución bolivariana de Chávez: un cartel con la cara del flamante presidente de Haití, Michel Martelly; del lado de enfrente, otro con la de Rafael Correa, el de Ecuador. «Para nosotros, la patria es América», dice, a modo de epílogo, un último cartel con el rostro del Libertador.
La realidad, o el anticlímax, se impone. «Exige siempre tu factura legal», parece gritar desde una pared a la derecha de la ruta una prolija pintada firmada por el Seniat (la AFIP venezolana). «En socialismo, las Grandes Obras las haces tú», otro cartel apela, quizá sin demasiada suerte, a un inconsciente colectivo.
Mientras tanto, ¿no era que estábamos en campaña? Porque Capriles, al menos en gráfica, en ese camino de ingreso a Caracas, poco aparece. Apenas un cartel, aunque bien grande, con «Mi primer voto de corazón por la Patria», en el que el candidato, de boina (y no de gorrita tricolor, su marca registrada para la presidencial) y descolorido, sonríe de frente desde lo alto. La firma lo dice todo: Partido Primero Justicia, el «ticket» con que compitió en las primarias de febrero pasado para salir elegido candidato por la Mesa de Unidad.
No hay que dar muchas vueltas: acaso para contrarrestar la mayor actividad de su joven oponente, la ruta de propaganda gráfica es como los discursos en cadena, derecho y propiedad (parece) del Gobierno de Chávez. Se pasa por las localidades de Catia, Flores de Catia, San Martín, Paraíso, San Juan, nos quedamos por Quinta Crespo, retomamos por Puente de Hierro, seguimos por Plaza Venezuela y no hay más que Chávez, bolivarianismo y revolución. Recién entrando a la Sabana Grande, en pleno centro de Caracas, y como custodiando el Hotel Meliá (un hospedaje para la élite bolivariana y del ALBA), al fin una gigantografía de Capriles avisa que el país está en campaña, más polarizado que nunca y que el domingo Venezuela se definirá.
* Enviada especial a Venezuela


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