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“El argentino es un actor por naturaleza”
Bernardo Cappa: “Vivimos envueltos en una madeja de actuaciones y sobreactuaciones, y eso se volvió adicción hasta en la política”.
Periodista: ¿De qué trata "Svaboda"?
Bernardo Cappa: La anécdota es muy sencilla. La vaca de una pareja de rusos cruza el alambrado y es embestida por una camioneta. Viene el abogado del infractor a exigirles el arreglo del vehículo, pero los rusos sostienen que la vaca buscaba su libertad y, por lo tanto, ellos no tienen por qué hacerse cargo de eso. El desarrollo de la acción no es tan directo, al abogado le lleva tiempo entender que los rusos quieren decir "libertad". Además, los tres están atrapados en un vínculo del que quieren liberarse. La rusa desea volver a Rusia, el ruso quiere dedicarse a tocar el violín, y el abogado alejarse de su cuñado juez. Y ninguno de los tres sabe cómo conquistar su libertad. Por eso el título en ruso. Si le hubiéramos puesto "libertad" todos habrían dado por supuesto algo que en realidad nunca está claro.
P.: Una vez usted dijo que envidiaba la emocionalidad "casi cursi" del cine de Leonardo Favio, pero su obra siempre viró hacia el humor.
B.C.: ¡Por eso la envidia! Pero creo que "Svaboda" es la obra más emotiva que hice. Hubo voluntad de trabajar con humor y buscar la emoción. Estos rusos tienen una carga melancólica muy fuerte, y además está ese triángulo amoroso, porque la pareja no se lleva bien.
P.: En "Es un sentimiento" también hay una extranjera, que además ve cómo se enfrentan las barras bravas de Chacarita y Almirante Brown.
B.C.: Sí, es la novia noruega de un argentino y como no habla bien se le escapa el doble sentido de lo que se dice acá. En su relato "La causa justa", Osvaldo Lamborghini dice que la Argentina es la gran "llanura de los chistes". Y lo explica a través de un episodio risueño, entre argentinos, que termina en tragedia por la intromisión de un japonés fanático de la verdad y la palabra dada. De ahí tomé un poco esa idea de que acá se actúa mucho y que nada es lo que es. Todo es siempre otra cosa. Y me refiero sobre todo a los porteños.
P.: ¿Eso explicaría también por qué se hace tanto teatro?
B.C.: Sí. Yo hace muchos años que enseño teatro y le aseguro que es muy difícil encontrar algún actor que sea un tronco. Porque acá la gente tiene mucha experiencia en decir una cosa y hacer otra. Por ejemplo, si uno toma un taxi para llegar a tal lado, tiene que actuar que sabe el camino para que no lo engañe el taxista. Todos estamos muy entrenados en producir gestualidad y en combinar ciertas tonalidades de voz que hacen más creíbles cualquier relato. Hay un sostenimiento técnico del verosímil, y para que haya persuasión el argentino echa mano a una bolsa de emociones digna de Wall Street. Por eso no es casual que Buenos Aires sea un lugar tan fuerte en lo teatral.
P.: Debe ser complicado hacer ficción ante tantos actores espontáneos.
B.C.: Los que hacemos teatro somos los que perdemos en esa bolsa de comercio de las emociones y representaciones. Tenemos que competir con abogados, médicos, taxistas, políticos...Nuestro trabajo es complejo porque hay que llegar a una mentira poética y brindársela a un público que todo el tiempo se está defendiendo del engaño en su vida corriente. Vivimos envueltos en una madeja de angustias, actuaciones y sobreactuaciones. Y eso ya se volvió adicción, sobre todo en la política. Parece que no se puede estar de otra manera que esa, aun perdiendo. Aunque también es cierto que los lazos de solidaridad en Argentina son muy intensos y espontáneos.
P.: ¿Por eso prospera el teatro independiente?
B.C.: El teatro es una alternativa de agrupación poética donde se ponen en juego afectos y emociones. Eso es algo muy necesario y difícil de encontrar fuera del país.
Entrevista de Patricia Espinosa


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