20 de diciembre 2011 - 00:00

El arte en libros y un dilema que sigue vigente

En el Museo Larreta, con el patrocionio del Ministerio de Cultura porteño, se presentaron 175 libros de arte contemporáneo internacional.
En el Museo Larreta, con el patrocionio del Ministerio de Cultura porteño, se presentaron 175 libros de arte contemporáneo internacional.
En los jardines del Museo Larreta el artista y operador cultural de origen argentino, húngaro y suizo, Sigismond de Vajay, convocó a un grupo de invitados para presentar 175 libros de arte contemporáneo internacional que acaban de ingresar al país. Las cuidadas publicaciones llegaron a la Argentina casi a fin de año, y con el patrocinio del Ministerio de Cultura porteño, en el marco de las actividades de Buenos Aires Capital Mundial del Libro. Los editores y distribuidores La Toit du Monde / KBB, junto a la editorial suiza JRP|Ringier, acaban de cerrar un acuerdo de difusión conjunta y parecen haber llegado para quedarse: el catálogo completo que esperan traer supera los 500 títulos.

Casi como una prueba de la inserción del arte contemporáneo argentino en el mundo, entre los libros figuraban los dedicados a los argentinos Jorge Macchi, Adrian Villar Rojas, Diego Bianchi y Matias Duville. El libro de Macchi se editó a partir de una muestra en Bélgica y el de Villar Rojas cuando representó a la Argentina en la Bienal de Venecia.

Por su parte, De Vajay levantó su copa con limonada y anunció que le sobran motivos para celebrar. Para comenzar, fue a partir de sus sugerencias que se publicaron los libros. «La mitad de estos 175 títulos los propuse yo y gran parte son monografías. En la editorial conversamos sobre cada uno de los libros, todos se publicaron de común acuerdo». Como genuino responsable del desembarco, De Vajay observaba los estupendos libros con buen papel, inmejorable diseño y numerosas ilustraciones, colocados casi como al descuido sobre una extensa mesa, bajo los árboles. Durante esa tarde, los invitados, artistas, coleccionistas, críticos, hojeaban, elegían o encargaban algunos textos.

La selección va desde los consagrados Henry Moore y Alberto Giacometti, hasta aquellos artistas que están en el candelero, cuyos nombres se reiteran en las instituciones del circuito internacional, como John Baldessari, Richard Prince, Liam Gillick, Fabrice Gygi, Martin Boyce, Matieu Mercier, Wolfgang Tillmans, Xavier Veilhan, Ai Wei Wei, Tadeusz Kantor, Tony Oursler, Subodh Gupta, Thomas Hirshhorn, Ugo Rondinone, Rodney Graham, Rirkrit Tiravanija, Philippe Parreno, Mike Kelly, Henrik Olesen, Hans Ulrich Obrist, Félix González Torres, Alighiero e Boetti y Alfredo Jaar, entre otros. Las publicaciones ensanchan el horizonte, no sólo para los artistas, sino también el los textos críticos de autores argentinos.

De Vajay brindó por un año tan fecundo. Además de realizar dos intervenciones en el espacio público, en 2011 exhibió su multifacético proyecto artístico «Of Bridges & Borders», con figuras internacionales y locales en tres instituciones de Buenos Aires (Fundación Proa, CCEBA, MAMBA).

Economía

Esa tarde en el Museo Larreta, ante un ambicioso proyecto editorial que se concreta, se dijo que en la misma medida que nuestro arte se expande hacia otros territorios, se extiende el debate sobre la economía que lo sustenta. La discusión sobre los aspectos políticos y financieros del arte no es novedad, pero en la actualidad se plantea en un campo que cada día se torna más amplio, ya que abarca las instituciones y artistas surgidos en el interior del país y la posibilidad de interactuar con el exterior.

Las demandas de financiación de proyectos resultan abrumadoras, pero, en rigor: ¿cuál es el arte que merece el aporte o patrocinio de la financiación estatal o privada? Las respuestas son múltiples, pero la fundamental es, sin duda, del orden político. El Gobierno porteño canaliza sus ayudas a través de la Ley de Mecenazgo con desgravación fiscal, y un sistema de becas; el Gobierno nacional sostiene sus premios, becas y subsidios por intermedio del Fondo de las Artes.

Los privados adoptan diversos modelos que varían según sus propósitos, y van desde el sustento filantrópico de museos o instituciones, hasta los premios. En ocasiones, más allá de ser incentivos a las artes, los premios sirven a las fundaciones para contribuir al bien común, requisito que reclama la ley para conservar ciertos beneficios fiscales.

Sobre los múltiples caminos elegidos por distintos países para encarar los aspectos financieros y fiscales de la cultura, trata el libro «La financiación de la cultura y de las artes» del argentino Edwin Harvey, un erudito en la materia. El texto, publicado en Madrid, no se encuentra en las librerías de Argentina, se lamenta el autor, aunque es un manual en España. «El enfoque», aclara Harvey, «tiene que ver con los aspectos financieros de las políticas culturales en tanto políticas públicas». El texto, además de las investigaciones sobre economía de la cultura, plantea un análisis pormenorizado de la función que cumplen las instituciones y los fondos nacionales e internaciones, las fundaciones, los regímenes públicos de mecenazgo y las acciones culturales de los bancos centrales en Latinoamérica.

En suma, el trabajo que gira en torno del arte es complejo y sofisticado, y generar estrategias para un futuro sostenible, no es una tarea fácil.

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