30 de diciembre 2009 - 00:00

“El asistencialismo reproduce la pobreza”

Medios europeos parecen extasiados con la dimensión de Luiz Inácio Lula da Silva. Ayer, Financial Times lo consagró como una de las 50 figuras de la década. Antes, el diario francés Le Monde lo había elegido «personalidad del año» y el español El País lo enalteció como estrella de Iberoamérica en 2009. A las puertas de un año de despedida del cargo que se presenta como triunfal, el periódico español El Mundo entrevistó al presidente de Brasil, y aquí se reproducen los principales tramos del reportaje.

Luiz Inácio Lula da Silva afirmó en la entrevista que su Gobierno «no regala nada» a quienes más necesitan. Goza de alta popularidad dentro y fuera de Brasil.
Luiz Inácio Lula da Silva afirmó en la entrevista que su Gobierno «no regala nada» a quienes más necesitan. Goza de alta popularidad dentro y fuera de Brasil.
Brasil se ha plantado con méritos propios en la primera fila de las naciones del globo. El gran responsable de ello es Luiz Inácio Lula da Silva (Caetés, estado de Pernambuco, 1945), un tornero mecánico convertido en sindicalista, que fundó en 1980 el Partido de los Trabajadores y que tras cuatro intentos fallidos, se convirtió en presidente de Brasil en 2003.

Periodista: Los brasileños solían decir que su país era «el país del futuro», pero de un futuro lejano... ¿Cree que éste por fin ha llegado?

Lula da Silva: Estoy convencido de que el siglo XXI es el siglo de Brasil. Vivimos un momento excepcional. A pesar de la crisis, hemos creado este año más de 1,4 millón de nuevos empleos formales, mientras que millones de puestos de trabajo fueron y están siendo sacrificados en los países ricos. Las inversiones también han vuelto a crecer de forma vigorosa, y en todos los sectores de la economía se respira optimismo y confianza. Hemos conquistado la estabilidad democrática por la solidez de las instituciones y por el respeto a las libertades civiles, y estamos venciendo el mayor de nuestros desafíos: reducir la pobreza y las desigualdades sociales. En suma, Brasil encontró el rumbo consiguiendo que nuestro futuro comience hoy.

P.: Su Gobierno ha logrado reducir la pobreza, es un hecho. Un viejo proverbio chino dice: «Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día; enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida». ¿Usted cree que ha hecho asistencialismo o que ha sacado de la pobreza a gente que podrá valerse por sí misma cuando cesen los programas de ayuda? ¿Ha regalado pescado o cañas de pescar?

L.D.S.:
Éste es un proverbio también muy popular en Brasil. Por eso, no estamos regalando nada. Lo que estamos haciendo es ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas. Las familias sólo reciben ayuda si todos los hijos tienen un buen rendimiento escolar y la familia recibe atención médica. Con esto, nos aseguramos de que la próxima generación de brasileños tendrá todas las condiciones para contribuir productivamente a la sociedad, dejando de ser rehenes de la pobreza o del asistencialismo, que lo único que consigue es reproducir la pobreza.

P.: Este año hemos visto un helicóptero de la Policía derribado por delincuentes en Río de Janeiro. ¿No es la droga el gran enemigo de la democracia en América Latina? ¿Qué ha hecho su Gobierno?

L.D.S.: En el ámbito de UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), se está creando un consejo dedicado a combatir el narcotráfico. Parte de la solución a ese complejo problema es la reducción de la pobreza y las desigualdades. Otra parte, es la creación de oportunidades de educación para todos.

P.: ¿Además de declaraciones retóricas, sirven para algo las cumbres de países de América Latina? Cíteme un logro concreto.

L.D.S.:
Las cumbres regionales son oportunidades, sobre todo para que los líderes construyan un diálogo y una confianza mutuos. Sus resultados prácticos son patentes en la consolidación de la integración regional con el Mercosur y el aumento del comercio regional. Más recientemente, UNASUR ya ha demostrado su valor por medio de una acción eficaz para contener la amenaza a la estabilidad boliviana en un momento de gran tensión política.

P.: Causó estupor verlo recibir al presidente de Irán, un dictador cuya victoria electoral fue puesta en entredicho y que reprimió sangrientamente a la oposición. Sorprende que alguien que luchó contra una dictadura se pliegue a esas servidumbres. ¿Qué tiene que decir?

L.D.S.:
El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, se presentó a las elecciones, en las que obtuvo el 62% de los votos. A pesar de los cuestionamientos de la oposición, se celebraron elecciones en el marco de reglas y no se vulneró la Constitución del país. Mantenemos con Irán una relación comercial densa y no creemos que acorralándolo contra la pared vayamos a atraerlo hacia buenas causas. Es preciso crear un espacio para el diálogo y la conversación so pena de provocar una reacción contraproducente.

P.: Brasil se implicó mucho en la crisis de Honduras y poco o nada en la tensión entre Colombia y Venezuela. ¿Por qué? Visto con la perspectiva que da el tiempo, ¿no fue un error dar asilo en la Embajada de Brasil al presidente Zelaya?

L.D.S.:
En el caso de Colombia y Venezuela, Brasil desarrolló en diferentes niveles, inclusive en el ámbito de UNASUR, una actuación moderadora y llegó a proponer un esquema de monitorización de la frontera, incluso con la participación de España. En cuanto al golpe contra el presidente Zelaya, la posición brasileña ha sido clara, en sintonía con nuestra tradición diplomática y con las manifestaciones de la comunidad internacional: ya no hay lugar para golpes de Estado en América Latina.

P.: Su ministra y candidata Dilma Rousseff no tiene su carisma. ¿Cree que ello puede perjudicarla en los comicios de octubre próximo?

L.D.S.:
Veo las perspectivas electorales con mucho optimismo. Tenemos una candidata de grandes cualidades, que conoce muy bien el Gobierno y tiene gran sensibilidad social, gran capacidad de liderazgo y de gestión de la máquina pública.

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