- ámbito
- Edición Impresa
El campo expandido del arte en libro de Jacoby
En el libro de Roberto Jacoby se cruzan la vida del artista. sus proyectos y obras, sus manifiestos y canciones, con personajes del ambiente artístico y con el contexto histórido de nuestro país, desde los tiempos de «Tucumán Arde».
Ana Longoni, curadora de la muestra del Museo Reina Sofía, tuvo a su cargo la compleja edición y también la presentación de «un volumen raro y de algún modo arriesgado», ya que Jacoby luchó para que las 504 páginas y el recorrido de 40 años de producción conceptual, «no se convirtieran en un mausoleo».
De hecho, parece haberlo logrado. El escritor Ricardo Piglia inició su presentación con un relato pintoresco. Dijo que cuando llegó a ver la muestra en el museo madrileño, el director, Manuel Borja, le contó que el texto de Jacoby se había convertido en el libro de cabecera de los integrantes del movimiento de protesta los «Indignados». Cabe suponer que los «Indignados» llegaron al Reina Sofía atraídos por la inmensa bandera que anunciaba la muestra en la fachada, ilustrada con el nombre de nuestro artista, el rostro del Che Guevara y un mensaje que dice: «Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared». Se trata del primer «anti-afiche» de Jacoby. La obra, realizada en 1969, se adelantó al porvenir mediatizado y comercial que le esperaba al guerrillero y hoy se percibe como una visionaria señal de alerta, como una sarcástica crítica a la sociedad consumista que convertiría en espectáculo el bello rostro del Che.
María Moreno mencionó la facilidad de Jacoby para el slogan. Mientras Longoni destacó que el orden cronológico permite observar la versatilidad de un artista que teorizaba sobre la Revolución y, simultáneamente, escribía las letras de las canciones de Virus. Suya es la inolvidable «Superficies de placer», y también los estimulantes versos: «Hay que salir del agujero interior, largar la piña en otra dirección. No hace falta ser un ser superior, todo depende de la transpiración. Poner el cuerpo y el bocho en acción».
Piglia habló entonces del «artista invisible, situado entre el tedio y la política revolucionaria», y subrayó la efectividad de la «acción política microscópica», es decir, la que cada individuo puede llevar a cabo en su mundo pequeño.
María Moreno se refirió a «Darkroom», una video performance definida como un «ejercicio de alienación» por el artista, que traslada al espectador a la oscuridad total y lo enfrenta con personajes que habitan la penumbra. La ambigüedad de la obra se presta a las más diversas interpretaciones, todas plausibles, como la de Longoni, que define «una improbable y fantasmal forma de vida en el límite de la invisibilidad». Lo cierto es que la experiencia permite adivinar el interior de una obra de arte, conjeturar los secretos que esconde su gestación. Por su parte, Moreno preguntó si acaso dentro de ese laboratorio de la oscuridad, Jacoby no le hizo ver algo que ella no quería ver: «el arte conceptual de la ESMA». Y concluyó afirmando que «Darkroom es una obra más política que La Hora de los Hornos».
El libro respeta un estricto criterio cronológico y está dividido en cinco grandes capítulos, pero contiene un manual de uso y vale la pena indagar las diversas estrategias de abordaje que ofrece, y que responden a la decisión de considerar el texto como una «pequeña máquina». A partir de allí, se abre el atractivo «Mapa de conceptos fetiche», territorio que permite el ingreso las «Estrategias de la alegría» o tópicos como, entre otros, «Juventud», «Nuevos conceptos de vida», «Revolución», «Tecnologías de la amistad», «Sociedades experimentales» y «Utopía». Luego, el «Glosario de nombres y acontecimientos clave» es un abanico de sorprendentes singularidades: publicaciones, instituciones, personas, lugares y acontecimientos, todos, seleccionados desde la más extrema subjetividad jacobyana. Allí están las iniciativas del grupo «Arte de los Medios», «Be at Beat Vétales», «Tucumán Arde» y las acciones del Instituto Di Tella; las críticas publicadas por «un crítico implacable y muy odiado», las letras del grupo de rock-pop y las fiestas itinerantes del club Eros; las microsociedades como Chacra99, el Proyecto Venus y la revista «ramona»; obras como «Darkroom», «La Castidad», la «Brigada Argentina por Dilma» y muchas otras experiencias, documentadas y fotografiadas.
Jacoby cerró la presentación con un gesto sincero: reconoció su suerte, pues a pesar de su perfil «perverso» y «jodido» tuvo el privilegio de disfrutar en la vida de los honores que se suelen rendir a los muertos.


Dejá tu comentario