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El campo salteño también quiere ser opción
La producción de pimientos ofrece una postal clásica del norte argentino. Muchos europeos están dispuestos a pagar para acercarse a la experiencia de los campesinos locales.
Esa ecuación mutó con matices propios en las provincias. En Salta, por caso, despuntó el «turismo campesino», una nueva opción que permite al visitante compartir y vivenciar las distintas actividades y costumbres de la economía local.
Este nuevo emprendimiento denominado Red de Turismo Campesino está administrado por 50 familias de pequeños productores de 12 comunidades distribuidas en la zona de los Valles Calchaquíes, en San Carlos, Angastaco, Animaná y Cafayate.
«Consideramos al viajero como un compañero que comparte nuestra vida cotidiana, que valora y respeta nuestras costumbres, en el marco de una relación de mutuo respeto, solidaridad y amistad», explicó Javier Frías, uno de los emprendedores del proyecto.
Soledad Cutipa, otra de las respon-sables de esta cooperativa, detalló: «Trabajar en turismo nos permite complementar nuestros ingresos tradicionales de la producción agropecuaria y artesanal, pero con una oferta propia y planificada para, de este modo, fortalecer nuestra administración y autogestión, facilitar un buen vivir en nuestras comunidades y valorar nuestro patrimonio natural, identidad cultural y propiedad comunitaria».
Para todo el que llega la consigna es clara: nadie se va sin haber experimentado el labrado de la tierra, el amasado del barro para redondear una vasija, el corte preciso de un racimo de uvas a punto o el lento cabalgar por la espesura salteña arriando a los animales.
Pero ¿a qué target de turista está dirigido el turismo campesino? Fundamentalmente, a viajeros europeos, siempre ávidos por tomar contacto con la laboriosa tarea casi artesanal que estas familias realizan a diario como herramienta de subsistencia.
«No ofrecemos turismo de aventura ni actividades de riesgo», se esmeran en aclarar para marcar con fuerza la diferencia de esta opción con otras clásicas propuestas muy comunes en la zona.
Sin embargo, también el turista argentino y el brasileño llegan hasta la zona para vivenciar el aroma de la tierra salteña que se abre generosa a la laboriosidad del hombre.
El resto del programa no se diferencia de las alternativas tradicionales de turismo rural: alojamiento con desayuno campesino y gastronomía regional, circuitos de senderismo en ambientes naturales, paseos a caballo, cicloturismo rural y visita a artesanos.
Hay opciones para todos los gustos: cerámica, tejidos en telas, tallados en madera, ropa artesanal, dulces y regionales, pequeñas bodegas y degustación de vinos caseros.
Pero la naturaleza y el cuidado por la fuente de la economía de esas 50 familias tiene un límite concreto.
«Para garantizar la convivencia respetuosa entre visitantes y comuneros, elaboramos nuestro propio Código Ético de Conducta del turista y, mediante nuestro Reglamento Interno, regulamos y administramos el desarrollo sustentable de esta actividad», anticipan los jefes de cada grupo.
La Red de Turismo Campesino acaba de incorporarse a la grilla de ofertas del Ministerio de Turismo y Cultura de la provincia.
Ese anclaje le garantiza un fuerte apoyo institucional y, por ende, busca sustentar la perdurabilidad del emprendimiento. Federico Posadas, titular de la cartera de Turismo, destacó: «Desde la provincia se apoya todo tipo de emprendimientos que impliquen la ampliación de la oferta turística y sumar a otros sectores a esta actividad que tiene una importante contribución para el desarrollo local».


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