4 de febrero 2010 - 00:00

El cine cándido-erótico de Bo y Sarli bien vale un homenaje

Las películas del binomio Bo-Sarli sufrieron los embates de sucesivos censores, amén del desprecio de la gente bien pensante. Hoy ella recibe homenajes en festivales, y hasta las parodias del under suenan a homenaje.
Las películas del binomio Bo-Sarli sufrieron los embates de sucesivos censores, amén del desprecio de la gente bien pensante. Hoy ella recibe homenajes en festivales, y hasta las parodias del under suenan a homenaje.
En lejanos tiempos, cuando el entonces INC categorizaba los films en A y B según parámetros de calidad, el crítico de «La Prensa» Guido Merico escribió, con precisión inefable: «Existen tres categorías de films: A, B, y Bo». El público pensaba lo mismo, incluso el que llenaba enormes salas para solazarse, reírse y fascinarse con las películas del binomio Bo-Sarli. Sobre todo con las atracciones carnales y las protestas de inocencia de Isabel Sarli, a quien, interpretando los sentimientos de los espectadores, todos los malos de la película se le querían tirar encima sin mayores galanteos previos.

El público bramaba, en las premieres se apretaba extendiendo sus manos para tocar a la diva, que llegaba en un Cadillac, un Impala, un Caprice, o un Torino Sport, envuelta en tapados de piel y amparada por Armando Bo, los choferes guardaespaldas, y los policías (que también querían tocarla). Eso acá y en toda Latinoamérica, incluso Brasil, y hasta en las salas latinas de Nueva York. «La bomba argentina», le decían los peruanos.

¿Corresponde aclarar que era un público casi enteramente masculino, adicto a las salas populares y la interacción entre las butacas con las pocas mujeres que, por comprensibles razones afectivas o comerciales, se animaban a ir? Entretanto, «la gente bien pensante» miraba desde su pedestal. Hasta que, siguiendo las modas, en 1964 los artistas del Di Tella encabezados por Marta Minujin organizaron un happening en homenaje a Isabel como epítome de lo camp, lo naif, y demás expresiones en uso para destacar una imaginería popular bendecida por la vanguardia artística. La cosa sonaba a cachada, y también a aceptación mental. De a poco vendrían las críticas más cordiales, un texto de Rodolfo Kuhn llamado «Armando Bo y el erotismo ingenuo» (texto ingenuo de intelectual que quiere comprender el gusto de las masas), las notas periodísticas describiendo la bondad, candidez, y generosidad de la pareja «en pecado» (destacable, el reportaje «Isabel Sarli: las dos razones de su carrera», de Alicia Gallotti, en «Satiricon»), las invitaciones oficiales del INC, queriendo compensar las agresiones oficiales del Ente Nacional de Calificación Cinematográfica, vulgo censura, la lucha casi solitaria de ellos dos contra sucesivos censores, el film de cierre, «El último amor en Tierra del Fuego», donde el personaje mítico se confunde con la persona, ambas envueltas en la bandera argentina. Armando Bo murió en 1981. Isabel fue consagrada diosa en retiro efectivo, y desde entonces recibe homenajes en festivales, carnavales, y presentaciones. Hasta las parodias de los artistas under suenan a homenaje. Otros son los homenajes del cine nacional, desde la escena en que tres pibes se hacen la rata para colarse en el cine en «Los chicos de la guerra» (Bebe Kamin, 1984) hasta el documental de Diego Curubeto «Carne sobre carne», que desde hoy se puede ver en el Malba, mostrando tomas que la censura mandó cortar, las dobles versiones de algunos films (en ropa interior o desnuda total, según cada mercado), trailers, entrevistas televisivas australianas, confesiones de los asistentes, y, por supuesto, la famosa casa de Martínez. En proyecto, un film de Eduardo Spagnuolo sobre la devoción de Isabel por Armando, esa historia de amor que la sociedad hoy ha tomado como ejemplo.

Un detalle. La frase «¿Qué pretende usted de mí?», pertenece a una sencilla escena de «Y el demonio creó a los hombres», 1959, filmada en la Isla de Lobos. Para subrayar la ingenuidad del personaje y de sus películas, la tradición popular insiste en que esa pregunta se la hace al quinto tipo de la fila de violadores de «Carne», 1968, pero estrenada completa recién a fines de los 70. En 2004, para el videoclip de Bersuit Garabat «La argentinidad al palo», donde aparecen tomas de «Carne», la propia Isabel Sarli grabó aquella pregunta existencial, que así quedó al fin pegada a la imagen que la tradición le atribuye. Como decía un personaje de John Ford, «Cuando la leyenda es superior a la realidad, se imprime la leyenda».

Y otro detalle: ahora, cosa inaudita, muchísimas mujeres de 80 dicen haber ido a ver sus películas cuando eran jóvenes. Las habrán visto recién hace veinte, por televisión. O eran unas descocadas que parecían muy seriecitas en el barrio e iban a zafarse a los cines del centro.

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