18 de septiembre 2009 - 00:00

El debate dejó trizada a la oposición

Ayer a la madrugada, el Gobierno no sólo consiguió aprobar la ley de medios. También tuvo un éxito colateral que no fue casual, sino buscado por el kirchnerismo: los pases y las presiones que generó la Casa Rosada por conseguir los votos dejaron a la oposición más dividida que nunca, lejos de la idílica foto de la noche del 28 de junio. Arrancar al socialismo de su sociedad con la UCR y Carrió y llevarlo al recinto a defender la ley de medios fue otro trofeo de la colección con que sueña Néstor Kirchner en el camino a 2011.

Los cambios de posición durante el debate y la votación de la ley de medios en el socialismo, el radicalismo y la Coalición Cívica hicieron estallar ayer los reproches entre las fuerzas. El cruce más duro se dio entre los radicales y el socialismo, pero la ley de medios agravó enemistades también entre Margarita Stolbizer y el radicalismo, además de Carrió. Imposible pedir más para el Gobierno como efecto colateral del debate por radiodifusión.

Reproche al socialismo

Morales le reprochó ayer a Rubén Giustiniani el apoyo del socialismo al proyecto. En el recinto de Diputados, nueve socialistas (sólo uno se negó) apoyaron el proyecto oficial después de recibir la orden de Hermes Binner, lo que implica que Giustiniani, cuando le toque el turno al Senado, hará lo mismo y así, por primera vez, se romperá el acuerdo que en general lleva a votar unido al socialista con los radicales.

«Yo no entiendo cómo algunos sectores progresistas terminan haciéndole el juego al Gobierno»
, dijo ayer Morales en directa acusación a Giustiniani, pero también a otros bloques, como el SI o Claudio Lozano, que ayudaron al kirchnerismo en el recinto de Diputados.

«No entiendo cómo algunos sectores progresistas terminan haciéndole el juego a esta situación que sostiene un gran debate ideológico», seguía ayer mascullando Morales. «La UCR es un partido socialdemócrata y progresista, liberal en el sentido de que ha nacido en la lucha por las libertades, está en las antípodas de ideología de los fundamentos que pretende el poder K».

Fue el epílogo de una ruptura que había comenzado el miércoles a la tarde: mientras los bloques de la UCR y la Coalición Cívica abandonaron el recinto junto a Unión-PRO, nueve de los diez diputados socialistas dieron su apoyo al proyecto en general y, además, el presidente del partido, el santafesino Giustiniani, adelantó que también votará a favor en el Senado, aliviándole la carga a Miguel Pichetto, que no duerme por estos días para seguir juntando votos.

La socialista Silvia Augsburger intentó calmar la situación con una explicación poco útil: «Las últimas modificaciones introducidas mejoraron sustancialmente el proyecto original. Creo que esto es un avance y que el Parlamento en su composición próxima pueda seguir avanzando en la construcción de una ley verdaderamente democrática», decía ayer.

Morales sabe, de todas formas, que ni Giustiniani ni Augsburger decidieron el definitorio apoyo al Gobierno que le dio el socialismo con sus siete diputados: la orden había llegado directamente de Binner, que fue quien terminó de clarificar sus dudas directamente con la Casa Rosada.

Otra piedra

Pero la guerra no termina allí. Stolbizer, que ya venía alejándose del radicalismo en este tema (por lo pronto, afirmó desde el principio que la ley de radiodifusión podía debatirse antes del 10 de diciembre), le tiró otra piedra al radicalismo y a la Coalición Cívica: «La verdad, me hubiera gustado que la oposición, en lugar de levantarse de sus bancas, hubiera estado ayer sentada discutiendo artículo por artículo», dijo. «Los artículos de esa norma tienen errores y trampas múltiples. Lo que había que hacer era desnudar esa discusión. No sé si la estrategia de retirarse fue buena. Hay que discutir contenidos. Mirándolo desde afuera, me habría gustado que la oposición hubiera estado ayer sentada discutiendo artículo por artículo». Con esa definición, intentó descalificar la estrategia central que aplicaron todos los bloques opositores al retirarse del recinto para quitar legitimidad al debate.

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