En esta columna nunca las hemos defendido, por el contrario, las "descalificamos", no porque fueran deshonestas -no lo sabemos- sino por considerarlas prácticamente inútiles y un costo adicional al funcionamiento del mercado. Hablamos de las calificadoras de riesgo. Lo que demuestra la práctica es que sus cambios de calificación suelen llegar tarde y que en todo caso lo que serviría, serían las alteraciones en las "perspectivas", en particular cuando viran a negativo. Sin embargo, los ignorantes (como definir a quienes no leen la letra chica de las salvedades) y los populistas las acusan de haber sido responsables de varias crisis. Así vemos proyectos en distintos lares del planeta, intentando regular la actividad y callar las voces de los analistas de riesgo. En algún extremo directamente se prohibió a las calificadoras emitir dictámenes sobre la deuda del país de marras (con multas y hasta prisión para los disidentes), pretendiendo que sean las universidades públicas y una caterva burocrática las que se queden con el negocio (así el gobierno de turno sería el que designe a los calificadores, que podrían bajarles/levantarles el pulgar a las empresas opositoras/afines al partido gobernante, asegurando la ignorancia de los ciudadanos sobre la salud financiera de los bonos estatales). Lo absurdo de estos proyectos es que lo que necesita el mercado es más transparencia y no menos; se necesita que las calificadoras compitan libremente, que además de pensar en escenarios "normales" lo hagan en escenarios "extremos" y que difundan gratuitamente esta información (solventada por los emisores de deuda). Lo que defendemos aquí no es una actividad del mercado, sino el derecho de expresión y de información de todos sus participantes. El Dow avanzó un 0,23% a 15.529,73 puntos.
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