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El derrumbe de una pareja contada como historieta
• DIÁLOGO CON RAFAEL SPREGELBURD SOBRE "CUANDO LLUEVE", OBRA MULTIMEDIA DE ANTHONY BLACK
En la sala del CC 25 de mayo protagoniza, junto con Moro Anghileri, Gloria Carrá y Matthiew Perpoint, una obra cuya puesta en escena está tamizada por la irrealidad de un software: sobre los actores se proyectan imágenes planas en 2D que transforman el espacio teatral en un escenario virtual.
Spregelburd. El software que se proyecta sobre los actores “es un programa flexible que podía acompañar unas improvisaciones y a partir de ahí el autor escribió el texto”.
R.S.: Traduzco teatro dos veces por año porque me sirve tratar de decir en mi lenguaje las ideas de otro. Es un ejercicio parecido a la actuación. El actor dice con su cuerpo la vida de otro o la idea de un director. Me ofrecieron traducir esta obra y comprendí que podía interesar en Buenos Aires. Traducir teatro en vano no tiene sentido aquí, porque no es una ciudad muy receptora de teatro extranjero y se autoalimenta de sus autores.
P.: En el comercial hay mucho texto francés o catalán traducido.
R.S.: Pero estoy hablando del teatro arte, no del comercial, que sigue las reglas de Broadway que para mí no son teatrales, son de otro tipo y no tengo que ver con ese mundo. Leo teatro por formación, soy seguidor de lo que escriben autores contemporáneos de otras latitudes, he traducido del alemán, inglés y ocasionalmente del italiano.
P.: ¿Cómo sigue el recorrido de "La terquedad"? ¿Qué responde a aquellos que dicen que es un ejercicio fenomenal de ego?
R.S.: Vengo haciendo esto toda mi vida así que no me preocupa, no soy el único caso de actor director y dramaturgo. En mi generación está muy instalado con Daulte, Veronese, Tantanián, y muchos también somos actores. Yo siempre quise ser actor y cuanto más vivo me siento es actuando mis obras. Y como son complicadas las ensayo 2 años, las escribo en 3, y termino actuando en ellas porque no puedo hacer otra cosa. "La terquedad" terminó en el Cervantes y Tantanián había tenido la idea de que las obras formaran parte de un repertorio y de giras, como se hace en Europa, donde están 2 o 3 años en cartel. Es interesante porque con el mismo presupuesto uno puede tener rotación de 20 espectáculos para evitar agotarlos y quemarlos en 3 meses, como suele suceder en la cartelera porteña. Pero como fue el colmo de la complejidad, sólo en teatros de Salta y San Juan cabía la escenografía así que estuvo donde tenía que estar, en un teatro público. El teatro comercial muchas veces busca poco y nada, a veces tienen las intenciones más nobles pero terminan vulgarizadas por esos escándalos entre actores para publicitarla.
P.: ¿Cómo es su experiencia con la TV?
R.S.: Sigo con el programa de arquitectura en Canal Encuentro, vamos por la segunda temporada. Hago la entrevistas como si hablara de dramaturgia. En cuanto a las series es muy esporádico, porque nunca persiguen un objetivo artístico. Lo hago porque pagan bien y me gusta actuar. Veo a mis colegas actores que admiro, como De la Serna, Fernán Miras, Gloria Carrá, que hacen mucha TV y es difacilísimo. La lectura del guión se hace dos días antes y la historia se retoca según el minuto a minuto. Eso es de una vulgaridad espantosa pero son las reglas de un juego que no me interesa jugar. Igual me tratan mejor en TV que en teatro, me respetan, me escuchan, me llaman a veces para que escriba y les digo que no.
P.: ¿Y el cine?
R.S.: El cine me provoca enorme fascinación, encuentro mi lugar como actor más que en teatro. Me proponen desafíos y me voy contento con películas cuando no me encasillan, paso de hacer un diseñador snob en "El hombre de al lado" a un pescador en "Agua y sal" o un policía en el caso de "Perdida". En teatro no hay género de comedia romántica como fue "El crítico" de Guerschuny o "Días de vinilo" de Nesci, y eso también es bueno.
P.: ¿Proyectos?
R.S.: Empiezo a filmar "Los elegidos", que toca el tema de la pareja gay que quiere adoptar, pero es en tono de comedia de enredos. También una película de Nicolás Savignone sobre la Guerra de Malvinas; "La otra piel" de Inés Oliveira César, y se estrenará "La flor", el film de Mariano Llinás de 14 horas de duración, donde participé en el capítulo 3.
P.: Debuta en la sala Lugones, ¿qué opina de un film de 14 horas?
R.S.: Si necesita ese tiempo para narrar le doy mi voto de confianza. Recuerdo Berlín Alexanderplatz que fue un hito en mi formación como espectador y la vi de un tirón. O las largas obras de Bela Tarr. Si el interés está en la complejidad hay que amigarse con la idea del tiempo. La mayoría no salía enojado de "La terquedad" por la duración, sí quizá por otras cosas.


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