23 de octubre 2015 - 00:00

El desafío de ambos: seguir como hasta ahora

 Los Pumas tienen por delante en esta semifinal del Mundial de Inglaterra 2015 un partido durísimo, complejo y con muchas aristas, en las que empiezan a pesar variables que a veces, en el marco de un único test match y no en el marco de un certamen, son tangenciales: cansancio, jugadores claves con complicaciones y la estrategia basada en el clima (que en este mundial ha sido más que benévolo).

Daniel Hourcade sabe que a Australia se le puede ganar. Lo comprobó en carne propia en noviembre de 2014, cuando, en Mendoza y en el marco del Rugby Championship, Los Pumas ganaron por primera vez en este certamen (21-17). Ya se había estado cerca en 2013 (fue derrota 14-13 en Perth) pero eso, cuando los Wallabies estaban bajo la conducción de McKenzie.

Con Michael Cheika al frente del equipo sólo hubo un enfrentamiento y fue en julio de este año, también en Mendoza, con los australianos victoriosos por un resultado abultado que no se condijo con el desarrollo del partido. Fue un 34-9 un tanto "mentiroso" en el que los aussies anotaron varios tries sobre el final del encuentro. Ese día, Los Pumas no anotaron tries y los australianos metieron 3 en los últimos veinte minutos del partido -y dos en los dos minutos finales- en los que además, se dio una particularidad: fue el primer partido del año en el que quedó evidenciado el tremendo poder del banco de Australia, que fue lo que terminó de quebrar la dura resistencia Puma en dicho partido: Hooper en la tercera línea, Dean Mumm en la segunda y el ingreso de una primera línea muy poderosa (Scott Sio, Tatafu Polota Nau y Sekope Kepu) más el ingreso de Kurtley Beale les dieron a los de Cheika muchísimo impacto y fueron determinantes en el desarrollo posterior.

También, en dicho partido, se empezó a develar que las enseñanzas de Mario Ledesma como entrenador del scrum aussie iba por el sendero correcto.

Todos sacaron conclusiones útiles de ese encuentro: Hourcade estaba en plena fase de búsqueda del equipo y de los que conformarían en definitiva, a los "mundialistas"; entendió que había correcciones por hacer en la disputa en el breakdown, que Juan Hernández como segundo playmaker era más una necesidad que una opción y que, puntualmente ante Australia, ceder la posesión de la pelota, pateársela a Israel Folau y propiciar sus contraataques no era algo acertado. Y que con el balón, Los Pumas eran capaces de hacer daño por afuera. No hubo tries en Mendoza, pero la marca australiana no la pasó bien.

Michael Cheika, por su lado, que la influencia de un apertura más clásico y pateador certero como Bernard Foley le iba a dar más réditos que la creatividad de Quade Cooper y sus inconductas (que lo sacaron de la cancha con una tarjeta amarilla, la primera de tres seguidas en diferentes partidos); que con el regreso de David Pocock en un nivel superlativo el equipo ganaba muchísimo en la recuperación de la pelota y que la combinación Pocock-Hooper en la tercera línea no sólo era posible, sino imperiosa.

Ese día, los números de Los Pumas en ataque fueron muy buenos y mejores que los de Australia, pero no así en defensa. Y ese día, además, se cometieron 14 penales, una cifra inusitadamente alta ante un equipo de este calibre.

El próximo domingo, todos esos aprendizajes -que se fueron poniendo en cancha durante el desarrollo de la Rugby World Cup- van a ser utilizados.

Es un partido equilibrado en la previa porque Cheika y Hourcade se conocen bien y se admiran. El tucumano ha estado entrenando con los Pampas XV varias veces en los dos últimos años, en Sídney, y ha sido el propio Michael Cheika uno de los "mentores" -tal vez sin saberlo- del cambio en la forma de entrenar del equipo argentino: en bloques más parecidos al desarrollo de un partido, casi con la misma intensidad.

Australia es el campeón del Rugby Championship. Este año les ha ganado a los All Blacks, a Sudáfrica y también a Los Pumas y es un equipo muy peligroso en ataque. Tan peligroso como pueden serlo Los Pumas. Y el partido, entonces, estará ahí: en cómo resuelvan sus situaciones de ataque y cuánto involucren de personal y tiempo en el juego en el piso cada uno: el que sea más rápido y furioso, certero y clínico, se llevará la semi.

De todas formas, sea como fuere el resultado, si hay algo que está claro es que Los Pumas han plantado una bandera en este Mundial y es la del juego: la vocación de atacar y marcar tries es irrenunciable y ganarán o perderán, pero así siempre jugarán.

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