25 de abril 2022 - 00:00

El desencanto fue un gran protagonista de la jornada

París - De las afueras de París al corazón de la Borgoña, del Pacífico Sur a Bretaña, millones de franceses se movilizaron ayer para cumplir su “deber” cívico o incluso “evitar una guerra civil”. Otros, desilusionados, prefirieron ignorar las urnas.

En la escuela Trégain, en un barrio sensible de Rennes (oeste), la jornada electoral comenzó “más tranquila que (en la primera vuelta de) hace dos semanas”, cuando “no hicieron ninguna pausa”, explicó Fabien Toulemonde, de 47 años y secretario del colegio electoral 151.

Yolande Yédagni, una desempleada de 57 años, consideró “un deber ir a votar” y se dijo tranquila sobre el resultado de la votación, al contrario que Bernard Maugier, de 76 años. Este jubilado con gorra “NY” aseguró que votó “para evitar una guerra civil”.

“Entre la peste y el cólera, debemos tomar la decisión correcta”, abundó Pierre Charollais, un jubilado de 67 años, abogando por un “voto responsable” en un contexto “particular” por la guerra en Ucrania y la presidencia francesa de la Unión Europea (UE).

Decepción

Al sureste de París, en el pequeño centro de votación instalado en una escuela infantil de Maisons-Alfort, los electores acudieron a cuentagotas en la mañana. En la fila, Anny Platroze, de 76 años, quien “por primera vez” en su vida no supo por qué candidato votar en la primera vuelta, ya no guarda “ninguna esperanza”. Sin embargo, votó, como Katia, una vendedora de 27 años,”sin ninguna convicción, un poco harta” y por “miedo a lo que ocurrirá, según el resultado”. “La gente que se queja y no vota solo puede cerrar la boca”, sentenció Cédric, un ingeniero de 46 años.

Al suroeste de Francia, en los Pirineos, Jean Lassalle, candidato derrotado en la primera vuelta de la presidencial, finalmente decidió abstenerse ante la urna en su colegio electoral de Lourdios-Ichère.

A miles de kilómetros, en la isla de la Reunión, en el océano Índico, decenas de fieles salieron de misa en La Possession para subirse directamente a sus vehículos estacionados a pocos metros del colegio electoral. “Sinceramente, no tengo ganas de meter una boleta en la urna, no veo el interés. Prefiero pasar tranquilamente mi domingo en familia”, aseguró Emmeline Picard, una joven desempleada de 28 años, que tampoco votó en la primera vuelta.

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