9 de enero 2009 - 00:00

El día que se paralizó el Zune de Microsoft

Hace un par de años, Microsoft decidía competir en el mercado del entretenimiento portátil a través del Zune, un dispositivo diseñado para desafiar la supremacía del iPod de Apple en el segmento en cuestión. Y aunque obviamente el objetivo está bastante lejano, no menos cierto es que el Zune se ha instalado firmemente. Para desgracia de la compañía fundada por Bill Gates, en el primer segundo del pasado 31 de diciembre, los Zune de 30 gigabytes sufrieron un colapso masivo, que los dejó inhabilitados, los apagó inesperadamente, permaneciendo con las pantallas congeladas e incapaces de reproducir música o video.

El sitio especializado de Microsoft se llenó rápidamente de mensajes de los usuarios, con lo que se detectó que la falla sólo afectaba a los modelos de 30 Gb, y las primeras especulaciones señalaron que podría tratarse de un problema relacionado con el año bisiesto, ya que de hecho, el pasado 31-12 fue el día 366 del año. Mientras la empresa se disculpaba por el inconveniente y ponía manos a la obra, algunos usuarios llegaron a sugerir desconectar totalmente el aparato, mientras que otros confiaron en que la llegada del nuevo año finalmente solucionaría el problema, algo que no sucedió.

Los principales analistas del medio sostienen que la falla puede tener que ver con la relación entre el Windows CE OS -el sistema operativo del Zune, que también funciona en numerosas agendas portátiles- y la capacidad de almacenamiento de este dispositivo en particular, lo que pondría a Microsoft una vez más en el centro de la polémica y esta vez sin los recaudos referidos a su popular sistema operativo que, en ocasión de la llegada del año 2000, la compañía había tomado y que se hicieron famosos en todo el mundo.

Las fallas en los programas de Microsoft, en particular, en el Windows, se han transformado casi en una tradición, disculpable tal vez por el volumen de usuarios -y de posibles problemas- que tienen los productos de esta empresa, y obviamente exagerados por una competencia que, desde los tiempos del DOS, no ha podido lidiar ni con la voracidad ni con la posición dominante del gigante de la informática.

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