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El economista del mes: “Es muy poco probable un default este año”
El análisis de la coyuntura corresponde en esta oportunidad a Aldo Abram, quien en la tradicional entrega del Economista del Mes, considera poco efectivas las políticas lanzadas por el Gobierno argentino para enfrentar la crisis. El director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina proyecta un dólar por encima de $ 4 a fin de año.
Aldo Abram, director de EXANTE, piensa que el mercado tiene un diagnóstico erróneo respecto de la naturaleza de la crisis internacional.
Suponga el lector que alguien se queda sin empleo, deberá preguntarse cómo pagará sus gastos mientras no cuente con ingresos. La primera alternativa es haber sido previsor y ahorrado mientras se tenía un sueldo. Es lo que hicieron países como Chile y China que, en las buenas épocas, acumularon recursos en fondos en el exterior y hoy los pueden repatriar para financiar una mayor demanda interna. Lamentablemente, durante los últimos 5 años, el Gobierno argentino se gastó todo lo que le ingresó y hoy no tiene con qué enfrentar la época de las «vacas flacas».
Otra posibilidad es que el flamante desempleado haya sido un buen deudor o lo consideren una buena persona; por lo que conseguirá que le presten para poder seguir subsistiendo hasta que consiga trabajo. Esto es lo que han hecho muchos países que construyeron credibilidad, es decir, crédito, y hoy tienen financiamiento en el mercado voluntario y/o de otras naciones y/o de organismos internacionales o multilaterales. En el caso de la Argentina, en los últimos 7 años nos hemos dedicado a destruir su credibilidad, por lo que hoy el Gobierno no tiene financiamiento.
Conclusión: para tener instrumentos eficaces para mejorar la demanda interna a la hora de enfrentar una crisis, hay que acopiarlos y desarrollarlos en las buenas épocas. Todo lo demás es sacar dinero de un bolsillo para pasarlo a otro y con eso nadie pueda gastar más que antes.
Un ejemplo de lo comentado anteriormente son los créditos sectoriales. Antes, el Banco Nación, la ANSES o las AFJP invertían o prestaban esos recursos a determinados sectores o consumidores. Ahora, será un funcionario el que determinará quién será el privilegiado que podrá gastar y obtener capital, restándoles dichos fondos a quienes lo hubieran recibido sin esta intervención. A menos que pensemos que unos burócratas pueden ser más inteligentes que el conjunto de sus conciudadanos, difícilmente podrán asignar ese dinero mejor que estos últimos. Por lo que el impacto real en el nivel de actividad será levemente negativo.
En cuanto al anuncio del plan de obras de infraestructura, la única real buena noticia es que parte del aumento de inversiones surgirá de ahorros en transferencias al sector privado para mantener congeladas las tarifas. Aunque esto implicará que algunos consumidores verán subir sus gastos en servicios públicos y tendrán que reducir otros gastos, es mejor que ese dinero se utilice en obras y no para distorsionar los precios de la economía.
La eliminación de la «tablita de Machinea» implicó suprimir una mala solución a problemas que tiene el Impuesto a las Ganancias, pero sin resolver estos últimos. La medida quedó en la demagogia de una menor presión impositiva sobre los que tienen mayores salarios. En tanto, las disminuciones de las retenciones a las exportaciones son un verdadero aporte a una mayor eficiencia del sector productivo, que tendrá más incentivos para invertir y producir. En ambos casos, en términos de demanda interna, sólo se reduce la del Gobierno para aumentar en igual medida la del sector privado.
Como vimos, son pocas las medidas que tendrán algún saldo positivo y muchas las que serán marginalmente negativas. Sin embargo, en tanto las políticas que lance el Gobierno no sean muy dañinas y la gente las perciba como un compromiso para moderar el impacto de la crisis, pueden tener algún resultado favorable. A más confianza en el futuro, la gente invertirá y gastará más.
3. ¿Qué probabilidades considera de que haya un nuevo default?
A pesar de las expectativas de muchos en el exterior, creo que son bajísimas las probabilidades de que el país entre en crisis porque el Gobierno deje de pagar sus compromisos. Con todo, esto no implica que un nuevo «tropezón» por motivos fiscales sea descartable.
Por el momento y a pesar de que no tendrá crédito, el Gobierno cuenta con casi todos los recursos necesarios para enfrentar los pagos de la deuda pública de 2009. Empero, para ello, su nivel de ahorro primario debería aproximarse al 4% del PBI, aprovechando el flujo de nuevos aportes de los ex afiliados a las AFJP. Cuanto menor que dicho porcentaje sea el superávit, mayor será la necesidad de utilizar las reservas del Banco Central para pagar deuda. Un uso excesivo de este financiamiento debilitaría la capacidad de la autoridad monetaria de defender el valor del peso y de nuestros ahorros en el sistema financiero. En ese caso, podríamos terminar incentivando una corrida cambiaria y bancaria que desemboque en una nueva crisis en la Argentina y, luego, quizás, en un default.
4. ¿Es correcta la estrategia cambiaria del Banco Central? ¿A cuánto estima el dólar a fin de año?
Más allá de la polémica sobre el verdadero nivel de las reservas, el BCRA tiene los instrumentos necesarios para contener el pánico cambiario y bancario. No obstante, es bueno aclarar que no tiene la capacidad de frenarlo una vez que se haya desatado. Por eso, hizo bien en no escuchar los «cantos de sirena» que aconsejaban devaluar fuertemente el peso, como hizo Brasil.
Esas voces pierden de vista el altísimo costo que tuvo que pagar por esa errada decisión el vecino país, en términos de una enorme fuga de capitales; por ende, un fuerte desfinanciamiento de su demanda interna y desaceleración del nivel de actividad.
Tampoco evaluaron que, a diferencia de la población brasileña, en la Argentina, las corridas son generalizadas, debido a nuestro triste prontuario de crisis.
Es así como la devaluación administrada fue una mejor alternativa y es probable que siga siendo utilizada por el Banco Central. De esta forma, el tipo de cambio irá subiendo lentamente, para no incentivar subas de precios excesivas, y se ubicará en algo más de $ 4 a fines de 2009. Sin embargo, luego de las elecciones se incentivarán las presiones para que se combata la mala evolución de la economía con una mayor depreciación del peso y emisión de moneda; por lo que no somos tan optimistas para los próximos años.


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