9 de marzo 2015 - 00:00

El empleo crece, y les mete más presión a los mercados que a la Fed

La economía de EE.UU. creó 295 mil puestos netos de trabajo, 50 mil más que los que se esperaban. Ni el crudísimo invierno ni los recortes de plantilla en las empresas de petróleo y gas lograron contener la pujanza. En rigor, la economía no luce tan vibrante como el mercado laboral, que enhebra ya un año completo de aumentos por encima de los 200 mil empleos al mes. La tasa de desocupación -que se sumergió del 5,7% en enero al 5,5%- fue el detonante de la reacción nerviosa de bonos y acciones. ¿No es acaso un indicador cabal de pleno empleo? La Fed estima que la tasa "natural" de desocupación -aquella compatible con su meta de estabilidad de precios- yace en un rango entre un 5% y un 5,5%. ¿Querrá mantener la política de tasas cero ahora que la economía -que supo rozar el 10% en lo peor de la gran recesión- regresa a la zona de normalidad? ¿O preferirá completar el círculo y proceder a normalizar también el calibre de las tasas de interés?

El próximo martes 17 y miércoles 18 se reúne el Comité de Política Monetaria a tratar la cuestión. A su paso por el Congreso, Janet Yellen, la mandamás de la Fed, señaló la intención de afilar el lenguaje. La promesa de ser pacientes -que adornaba los últimos comunicados- desaparecerá del contexto. Con más razón después de corroborar la salud del empleo. Nueve de 16 agentes primarios -aquellos que operan en forma directa con el banco central- están convencidos de que el bautismo de fuego ocurrirá en junio, según la encuesta de marzo de Reuters. "Con la economía a todo vapor, está claro que necesitamos tasas más altas", dijo Jeff Lacker, presidente de la Fed de Richmond (este año con derecho a voto). Y "junio me gusta para iniciar el despegue". Fue la única autoridad que habló después del informe de empleo.

¿Anotamos junio nomás? No tan deprisa. Las minutas de la reunión de enero transmitieron el mensaje opuesto. Decodificado, decía algo así como borren junio, piensen en septiembre. Y la Fed no es un animal de convicciones volátiles. Si fuera por Lacker, y el puñado de halcones, las tasas de interés ya hubieran trepado hace tiempo. Pero son otros quienes llevan el timón. Conviene recordar que el banco central está en offside con su meta de inflación. Van 33 meses consecutivos de incumplimiento por defecto. El deflactor del gasto de consumo -su termómetro favorito- trepó el 0,2% interanual en enero (la lectura más baja desde octubre de 2009 cuando los precios acusaban con rezago el impacto adverso de la gran recesión). Y es una bendición que Yellen sea una experta en economía laboral. EE.UU. mejora a grandes zancadas, pero no está en pleno empleo. No, por ejemplo, con cerca de 6 millones de personas desocupadas o, deseosas de trabajar pero sin el aliento ya para buscar activamente un conchabo. Yellen entiende que la inercia actual está corrigiendo con acierto esos problemas ocultos. Es difícil pensar, por otra parte, que la urja una prisa renovada cuando la fortísima apreciación del dólar en el mundo le está haciendo buena parte de su trabajo por anticipado. Vale recalcar que el informe de empleo no es tampoco un llamado de atención, sino la confirmación de una tendencia conocida. Cuando la Fed operó el "tapering", vendió la reunión de septiembre 2013 como el Día D, pero sólo para poner a prueba el terreno. Yellen lo ejecutó recién en diciembre, y de algo se cercioró antes que nada: que no hubiera histeria -ni una pizca- a la hora de apretar el gatillo.

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