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El epílogo ideal de un viaje a la alta montaña
Invierno en Las Cuevas. Picos nevados, aire puro y un paisaje excepcional. El pueblo se destaca, entre otros aspectos, por sus construcciones de madera y piedra.
Al final del recorrido de más de 400 kilómetros se accede a Las Cuevas, el último pueblito en la hoja de ruta antes de cruzar el túnel Cristo Redentor, paso obligado para acceder a Chile. Se trata de una diminuta localidad ubicada a más de tres mil metros de altura que muchos usan como lugar de paso y otros se quieren quedar para siempre.
Organizarse, el mejor consejo
El secreto para hacer de este viaje un acontecimiento inolvidable es la organización. Es clave un buen planeamiento con lugares para cargar combustible, datos útiles y una guía de servicios.
La travesía comienza en la ciudad de Mendoza con rumbo a la zona vitivinícola de Luján de Cuyo, en plena precordillera. Allí se encuentra el Dique Potrerillos, y la nueva villa, donde es posible adquirir artesanías y es ideal para cargar combustible. Más adelante se accede a Uspallata, escenario de la ocupación indígena huarpe en la época prehispánica. La zona urbana de este amplio valle cuenta con variada oferta gastronómica y de alojamiento. A poca distancia se hallan Las Bóvedas, históricas construcciones de adobe muy bien conservadas, en las que Fray Luis Beltrán, capellán del Ejército de los Andes bajo el mando del general José de San Martín, fundió los cañones y las armas con que éste liberaría Chile. El paseo continúa con la visita a las villas de Picheuta, Polvaredas y Punta de Vacas, desde donde se accede a la famosa villa de Los Penitentes, que funciona como centro de esquí durante el invierno y el resto del año es un buen escenario para el turismo de aventura.
Más arriba, en Puente del Inca, a 2.720 metros sobre el nivel del mar, el río Las Cuevas ha horadado la montaña formando un puente natural a cuya vera afloran aguas termales. En las cercanías se halla el Cementerio de los Andinistas. A poca distancia de la frontera, un magnífico mirador natural permite apreciar el esplendor del cerro Aconcagua. Un camino no pavimentado que parte desde la Ruta Internacional posibilita adentrarse algunos kilómetros hacia la bella laguna de Horcones y en el Parque Provincial Aconcagua.
Siguiendo por la Ruta Internacional se encuentra el complejo aduanero de Horcones y unos kilómetros más adelante, ya en el límite con Chile, la localidad de Las Cuevas.
Mucho más que un lugar de paso
Para algunos es simplemente una escala para seguir el viaje hacia Chile. Para otros es el sitio ideal para quedarse. Y si bien es subjetivo reafirmar una u otra idea, se podría decir que Las Cuevas es ambas cosas. Es el último pueblito mendocino en la hoja de ruta antes de cruzar el túnel Cristo Redentor para acceder a tierras chilenas, y es el sitio indicado para descansar y usar de punto de partida para visitar lugares como el Puente del Inca, el Parque Na-cional Aconcagua y el centro de esquí Penitentes, entre otros atractivos.
¿Qué ofrece este pueblito de alta montaña?: una alternativa diferente en un marco paisajístico cordillerano de ensueño, enclavado entre los cerros Tolosa y Navarro, a más de tres mil metros de altura. Las casitas, de estilo nórdico y escandinavo, están hechas con troncos y piedras. Una de sus construcciones más características es un edificio con un gran portal que años atrás era el camino obligado a Chile.
A medida que se recorre la villa turística los idiomas se confunden y los minibuses que transportan a los turistas se multiplican. Las excursiones que se pueden realizar son trekking al Glaciar del Hombre Cojo, al Cristo Redentor, al Cerro Tolosa y a la Quebrada de Matienzo. Algunas de ellas hasta pueden hacerse sin guía. En invierno las opciones más elegidas por los visitantes son el esquí de fondo, de travesía y el recorrido en trineo.
En Las Cuevas está ubicado el famoso Cristo Redentor (en el llamado Paso de los Andes), imagen religiosa edificada a 4.200 metros de altura en la frontera con Chile. De siete metros de alto y cuatro toneladas de peso, fue realizada en 1902 por el escultor Mateo Alonso utilizando el bronce de las armas del Ejército de los Andes. Con su pedestal de granito, de 6 metros de altura, la imagen domina la vista panorámica de los valles y montañas cercanas.
Desde allí se puede ver a cientos de personas que se mueven todos los días ansiosas por conocer los paisajes que ofrecen parajes como Potrerillos, Uspallata, Cacheuta, Puente del Inca y el mirador del Aconcagua en Horcones.



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