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El equilibrio inestable que deberá enfrentar el bloque K
Facundo Moyano, que llegó al Congreso acompañado por su padre y dos hermanos, juró como diputado junto a los dirigentes de La Cámpora, Eduardo «Wado» de Pedro y Mayra Mendoza.
El primer síntoma de la delicada convivencia que comenzará dentro del bloque kirchnerista se produjo ayer en los palcos, donde las barras de la autodenominada La Cámpora se cruzaron en una guerra de cánticos contra la CGT de Hugo Moyano en pleno recinto. Con las facturas de luz, gas y agua a punto de actualizar sus valores por la quita de subsidios y la sintonía fina estrenada frente a la cúpula de Unión Industrial Argentina, donde Cristina de Kirchner adormeció el debate por el reparto de ganancias de las empresas, el próximo período ordinario de sesiones que comenzará el 30 de marzo, marcará al kirchnerismo como una mayoría inestable de 119 diputados propios y una veintena de aliados.
La Cámpora funcionará como una guardia pretoriana 24 x 7 de Cristina de Kirchner en el Congreso. Con terminal directa en todos los inmuebles del poder: la Casa Rosada, la Quinta de Olivos y la residencia de El Calafate. Esa tarea no estará a cargo solamente de los diputados entrantes Andrés Larroque, Eduardo «Wado» de Pedro, María Luz Alonso y Mayra Mendoza.
Designación
El flamante presidente de la Cámara, el bonaerense Julián Domínguez, designó al frente de la secretaría parlamentaria a Gervasio Bozzano, hijo de Raúl Bozzano, exintendente peronista de Maipú. Este militante de la agrupación que dice referenciarse en el hijo de la Presidente, Máximo, tendrá control directo de todos los movimientos en el recinto, incluidas las luces del tablero electrónico y las chicharras que convocan a sesionar.
Ese sub-bloque de kirchneristas de paladar negro deberá convivir con otro grupúsculo, el que integran los diputados de la CGT, Héctor Recalde, Omar Plaini y el recién asumido Facundo Moyano. En medio de versiones sobre la salida del camionero de la conducción de la CGT y/o de la vicepresidencia del PJ, los diputados de extracción sindical serán los encargados de insistir con una ley de reparto de ganancias y la suba del piso al Impuesto a las Ganancias, todos proyectos congelados por la Casa Rosada.
A ese cóctel se sumará la superposición de distintos sectores del peronismo bonaerense que encabezan Carlos Kunkel, José María Díaz Bancalari, Cristina Álvarez Rodríguez y Mario Oporto. Sin contar a Domínguez, uno de los preferidos de Cristina de Kirchner, quien ya se anotó como potencial candidato a suceder a Daniel Scioli en 2015. Este escenario de eventuales cortocircuitos internos se agrava también frente al raquítico escenario opositor que tiene a la UCR como principal pelotón anti-kirchnerista con apenas 40 legisladores, casi 80 menos de los 116 del bloque que comanda Rossi. Mientras Néstor Kirchner siempre se encargó de definir un enemigo externo, corporizado en los grupos mediáticos concentrados, los organismos internacionales de crédito o el supuesto posmenemismo de Mauricio Macri, en el actual mapa oficialista no se detectan siquiera archipiélagos de resistencia. El diagnóstico más lineal revela la obvia amenaza del enemigo interno.
Rossi, cuya banca vence en 2013 y fue ratificado como jefe de bloque por séptimo año consecutivo, también comenzó a dar pruebas de independencia. En Santa Fe, y gracias a su mayoría numérica, consagró a su delfín Luis Rubeo como presidente de la Legislatura provincial. No importó la foto de la Presidente con María Eugenia Bielsa, la otra candidata a presidir el Legislativo santafesino. Ni tampoco el zigzagueante camino de Omar Perotti, otro santafesino que había sonado para el gabinete cristinista, habitué de la Casa Rosada y discreto adversario de Rossi en el PJ provincial.
La prueba de fuego para este inestable equilibrio del kirchnerismo en Diputados será el debate del Presupuesto 2012, que deberá volver a la Comisión de Presupuesto que será presidida por el viceministro de Economía, Roberto Feletti, un sillón al que aspiraba también el correntino Fabián Ríos, saliente director del Banco Nación. También está pendiente el paquete de leyes económicas que incluye la emergencia y la prórroga de impuestos. Y la llamada Ley Antiterrorista impulsada por el GAFI y resistida por los colectivos sociales de la izquierda y también del kirchnerismo, como el Movimiento Evita. El artículo 213 ter de ese proyecto propone con una redacción vaga considerar como actos terroristas a los cometidos para «aterrorizar a la población u obligar a un Gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo», tanto que se podrían incluir protestas sociales, bloqueos de camiones a gasolineras y a centros de distribución de alimentos.


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