Esta semana, Trump comenzó a martillar a la demócrata por la Fundación Clinton, una organización creada por ella y su esposo, el expresidente Bill Clinton, que financia programas de ayuda en los países en desarrollo.
El lunes, Trump reclamó su cierre y que un fiscal la investigue. En particular, acusó a Hillary de haber convertido la caridad en un esquema de tráfico de influencias en el que los donantes ricos recibieron favores del Gobierno mientras ella se desempeñó como secretaria de Estado entre 2009 y 2013. En respuesta a la divulgación el lunes de documentos que revelan el acceso de grandes aportantes a reuniones con ella, la campaña de Clinton debió salir ayer a refutar las acusaciones.
Después de la campaña de las primarias que dejó al partido amargamente dividido, Trump tuvo problemas para encontrar una línea de ataque común que conforme a todos sus compañeros republicanos. Su crítica a los padres de un soldado estadounidense musulmán muerto en Irak que hablaron en la Convención Nacional Democrática atrajo fuertes reproches de muchos de sus colegas. Y sus comentarios respecto del estado de salud de su competidora generan rumores de conspiración.
Clinton lidera casi todas las encuestas nacionales y el foco que Trump está poniendo en el escándalo de la fundación puede ser interpretado como una regeneración de la candidatura de este. La semana pasada, el magnate sacudió su campaña al colocar a Steve Bannon y Kellyanne Conway como directores, mientras que Paul Manafort renunció.
El diputado Chris Collins dijo que sus partidarios piden que Trump se concentre en Clinton. "Cualquier cosa que podamos hacer para poner su carácter en primer plano va a ayudar a Donald Trump", dijo Collins en una entrevista telefónica.
Responsables republicanos estiman que si Trump continúa mostrándose "moderado", podría remontar en las encuestas el mes que viene. En un reciente sondeo de Ipsos, Clinton aumentó su ventaja en agosto: la última daba un resultado del 45% contra el 33%.
Mientras tanto, desde la campaña demócrata intentan minimizar el ataque. El portavoz de Hillary, Robby Mook, sostuvo que la fundación no mermará su labor humanitaria y que las recientes revelaciones no hirieron el liderazgo de la ex primera dama en la opinión pública. "El de Trump es un llamado absurdo. Es un acto más de desesperación en una campaña que en las últimas semanas dio muestras de confusión", dijo.
Trump pospuso sus planes para ofrecer esta semana un discurso sobre inmigración, lo que fue entendido por algunos como un signo de desacuerdo interno sobre el tema pero también como un cambio de estrategia para enfocarse en las debilidades de Clinton.
La fundación fue durante mucho tiempo una problema potencial para Clinton. El hecho de que acepte donaciones de empresas y gobiernos extranjeros despertó críticas por un supuesto conflicto de intereses mientras se desempeñó como secretaria de Estado. El domingo, la organización anunció que ya no aceptarrá esos aportes si ella es elegida en noviembre.
Pese al revuelo de los últimos días, los demócratas consideran que Trump se volcó contra la fundación demasiado tarde como para hacer una diferencia. "La mayoría de los votantes ya tiene una opinión de Hillary Clinton", dijo Jim Manley, un estratega demócrata. "La posición se endureció en ambos lados, y yo no creo que nada va ya a mover la aguja", remarcó.
| Agencia Reuters |


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