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El espectáculo contribuye a exhibir la obra de Borges
La «Biblioteca infinita», donde confluyen videoclips y otras disciplinas del espectáculo, forma parte de la muestra «Cosmópolis. Borges y Buenos Aires», que alberga la Casa de la Cultura porteña, en el marco de Buenos Aires Capital Mundial del Libro.
Borges es un escritor complejo y en cierto modo inasible, pero la muestra resulta didáctica, ofrece puertas de acceso a la obra y aspira a facilitar la comprensión y estimular el acercamiento a los textos. Insúa se sirve de múltiples disciplinas que van desde las 150 fotografías de Horacio Coppola, Grete Stern, Humberto Rivas, Pepe Fernández y Facundo Zuviría; una serie de video-instalaciones; numerosos documentos, textos, testimonios gráficos y sonoros, y el gran espectáculo -acaso demasiado vertiginoso- de la Biblioteca Infinita.
Las palabras de Kodama, aunque fueron escritas en 1993 para la publicación de «El tamaño de mi esperanza» (1926), explican con claridad el propósito de la exhibición que se inauguró en Barcelona, en el año 2002, cuando dice: «Pese a su juventud, ya se había definido un equilibrio entre su amor por Buenos Aires y por lo universal. Equilibrio que los años transformaron en armonía, logrando al fin el tamaño de su esperanza, después de haber fundado míticamente su ciudad, de haberle dado una poesía y una metafísica».
En «El tamaño de mi esperanza», Borges, escribe: «Ya Buenos Aires, más que una ciudad es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen. Ese es el tamaño de mi esperanza, que a todos nos invita a ser dioses y a trabajar en su encarnación. No quiero ni progresismo ni criollismo en la acepción corriente de esas palabras».
Y no es casual que dedique este libro a Xul, creador entre otras lenguas del neocriollo, que toma palabras del castellano y el portugués para facilitar la comunicación de una utópica «Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro». Ni tampoco es casual que Xul haya ilustrado este libro y «El idioma de los argentinos», porque la coincidencia con Xul se basa en la búsqueda de una mitología propia.
En un contexto donde los artistas reiteran con escasas variaciones las tendencias que provienen de Europa, Borges sostiene: «Aquí no se ha engendrado ninguna idea que se parezca a mi Buenos Aires», mientras Xul señala que «no terminaron aún para nuestra América las guerras de la Independencia». A pesar de estas bélicas declaraciones, Beatriz Sarlo, observa: «Para Borges como para Xul Solar, criollismo y cosmopolitismo no se oponen en una irresoluble contradicción, sino que su cruce conflictivo ofrece una solución original al problema del perfil cultural de un país marginado, en el que diversas herencias (hispánico-criolla, europeo-occidental), sufren una acelerada mutación debido a la presión ejercida por otras tradiciones». Sarlo describe así la tensión entre «modernidad europea y diferencia rioplatense, aceleración y angustia, tradicionalismo y espíritu renovador, criollismo y vanguardia».
En Buenos Aires Borges encuentra ese dinamismo, pero también el tiempo detenido de un pasado que le interesa explorar.
En el relato «Sentirse en muerte» se situa en una dimensión casi abstracta, en un barrio suburbano deliberadamente idealizado e inmóvil. El protagonista, abstraído del devenir, percibe el aspecto eterno de las cosas, la arquitectura elemental que Borges describe: «La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. [...] Aunque su primera significación era de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. [...] La calle era de barro elemental, barro de América no conquistado aún. Al fondo, el callejón ya pampeano, se desmoronaba hacia el Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna, sino efundir luz íntima. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado».
Por otra parte, la muestra sienta un testimonio sobre la vanguardia de Buenos Aires, que se servía de la cultura universal a la que por derecho propio pertenecía, pero que además dedicó sus afanes a rescatar lo propio. Allí están Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Ricardo Güiraldes, el uruguayo Figari y, entre otros, Norah Borges, la hermana de Jorge Luis, que le imprime a las primeras publicaciones el ritmo y el espíritu rupturista de la vanguardia y, luego, la sosegada elocuencia que describiría Ramón Gómez de la Serna. El autor de las Greguerías imagina a los hermanos Borges viviendo en la ciudad que aún no conoce, pero que adivina casi mágica a través de las palabras de Borges y las pinturas de Norah. Desde Madrid escribe sobre «esas terrazas en que suenan los pasos como en habitaciones, como si la noche inmensa adquiriese profunda intimidad sobre ellas y fuese una habitación estrellada». En «Fervor de Buenos Aires», figuran los versos de «Arrabal»: «Los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires».
Lo cierto es que hace 15 años, cuando Lombardi ni siquiera imaginaba que la cultura porteña estaría a su cargo, presentó en la Villa Gainza Paz de Mar del Plata una exhibición antológica de Norah Borges. Allí figuraban los mapas de Buenos Aires que trazó la artista para enviarselos a Guillermo de Torre, el mentor del ultraísmo, antes de que cruzara el océano para casarse con ella. Borges reconoció la influencia que ejerció Norah en los versos de «Fervor...», cuando escribió: «[...] Guardé esa imagen, esa imagen deliberadamente simplificada y que mi hermana acentuó en la portada del libro, donde pinta una suerte de Buenos Aires platónico, todo con casas bajas, todas con azoteas, todas con zaguanes, todas con patios. Yo me aferré voluntariamente a esa primera imagen».
La exposición sigue un orden cronológico y según aseguran, va desde «el tono barroco que caracteriza sus comienzos hasta la depurada maestría de sus textos más famosos y su anhelo final de una escritura casi anónima».
En suma, hoy que las diversas disciplinas del arte confluyen y superan las fronteras para hibridizarse mutuamente, la inserción de videoclips y el espectáculo contribuyen a exhibir la trama que se teje en torno de la obra de Borges.


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