25 de agosto 2009 - 00:00

¿El Gobierno aumentará retenciones a la soja?

De anunciarse una suba en retenciones a la soja ahora, muchos agricultores no sembrarían, aun a las puertas de una «supercosecha». Si el aumento se aplicase en diciembre, no habrá forma de eludirlo.
De anunciarse una suba en retenciones a la soja ahora, muchos agricultores no sembrarían, aun a las puertas de una «supercosecha». Si el aumento se aplicase en diciembre, no habrá forma de eludirlo.
 En las últimas jornadas comenzó a tomar fuerza la idea de algunos influyentes asesores del matrimonio presidencial de aumentar las retenciones a las exportaciones de la soja. El borrador preliminar indica que el gravamen pasaría del 35% actual a un 40% o 45%. En el seno del Gobierno, muchos están a favor de esta iniciativa -en especial el ex presidente- considerando el momento actual el ideal para poder tomar semejante medida económica.

Luego de que el Senado aprobó el proyecto oficialista para prorrogar por el término de un año las facultades delegadas por el Congreso al Poder Ejecutivo, el camino quedó totalmente allanado para llevar adelante la iniciativa. Quizá desde el aspecto político sea una mala idea, pero desde el aspecto económico-financiero podría llegar a considerarse excelente. Porque esta medida, si fuera comunicada tal cual, caería como un baldazo de agua fría en las huestes de los dirigentes y productores agropecuarios. Pero como la intención del Gobierno es disminuir o hasta eliminar las retenciones del trigo y el maíz, el impacto mediático sería diferente.

La explicación de lo exitoso de esta nueva medida es sencilla, pero por ello no menos interesante. Les bajarían -o eliminarían- las retenciones al trigo y al maíz, cuando ya sabe el Gobierno que en el caso del primero, este año no habrá saldo exportable, es decir cobrarían retenciones a la nada. En el caso del maíz, con la magra cosecha que podemos llegar a obtener este año, el saldo exportable sería de tan sólo cuatro millones de toneladas, equivalente a 98 millones de dólares en concepto de retenciones a las exportaciones. Una cifra verdaderamente exigua.

Respecto de la soja, con todos los vaticinios que vienen haciendo supuestos consultores independientes que estiman una supercosecha récord de 52 millones de toneladas de soja argentina, los números superarían holgadamente cualquier cifra que se pueda llegar a dejar en el camino al disminuir o eliminar las retenciones a otros productos.

Con una posible y «soñada» cosecha de 52 millones de toneladas, la recaudación por derechos de exportación al 35% sería de 6.370 millones de dólares. Si calculamos con una alícuota del 40%, la cifra se iría a u$s 7.280 millones (u$s 910 millones más) y si la retención la calculamos al 45%, el monto total sería de u$s 8.190 millones (u$s 1.820 millones más). Siempre hablamos de la diferencia en más sobre el importe que se cobraría por retenciones al 35% (derecho actual) sobre una cosecha de 52 millones de toneladas de soja -que todavía hay que sembrarla-.

El impacto en el común de la gente -la sociedad citadina y aquellos que no tienen nada que ver con el campo- no sería para nada negativo. Al contrario, y en coincidencia con los últimos discursos de la Presidente, donde destaca que lo terrible no es la pobreza sino la inequidad, este argumento avalaría la decisión de la suba de las retenciones «solamente» a la soja. Esta oleaginosa es sinónimo de abundancia, de ganancias espectaculares, de yuyo que crece en todos lados, de ricos oligarcas, de futuro a través del biodiésel, de todo aquello que la gente creyó de lo que le han dicho en los últimos dos años.

Al hombre de campo le estarían sacando dinero en el único producto que quedó siendo rentable. Pero con el argumento de que este año en vez de obtener 32 millones de toneladas de producción, como la que tuvimos, tendrán 52 millones de toneladas: un aumento del 61%. Es decir, los chacareros este año van a tener una producción un 61% más grande que el año anterior. Por ende, les ingresará un 61% más de dinero. Teóricamente, y bajo la mirada del Gobierno, el trastorno no sería tan grande, y el compromiso que todos tenemos para que la sociedad argentina sea más equitativa estaría encaminado.

Lógicamente, debemos considerar varios factores: la supuesta cosecha de 52 millones de toneladas de soja todavía no está sembrada; los precios internacionales se encuentran sostenidos, pero nadie tiene la garantía de que continúen así ad eternum, y no podemos dejar de mencionar el «pequeño» detalle que es el clima. Esta posible supercosecha es todavía una burbuja que ni se empezó a soplar (salvo, claro, por los analistas). Los consultores vociferan esta cifra récord, llamando la atención de los hambrientos recaudadores, sin siquiera «analizar» las potenciales nefastas consecuencias de estos vaticinios.

La potencial supercosecha se puede transformar en la carnada ideal, que no dejará de llamar la atención a alguno de los tantos «especialistas» de escritorio, que encontrarán en ella la solución mágica. ¿Cuál sería el momento más oportuno para anunciar semejante medida? De hacerlo ahora, muchos productores decidirán no sembrar soja; si se toma en diciembre, cuando toda la soja ya está sembrada, sería un golpe fatal en forma retroactiva. ¿No será posible solicitar a través de los legisladores una especie de aval o garantía, para que no nos encontremos nuevamente en una situación similar a la de noviembre de 2007?

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