18 de agosto 2016 - 00:00

El Gobierno de Francia hace suya la guerra al burkini

La polémica por los trajes de baño usados por musulmanas practicantes llegó al más alto nivel. Italia se diferenció: dijo que impedir usarlos es provocativo.

 París - El primer ministro francés, Manuel Valls, apoyó ayer los vetos en varias localidades del país contra el uso del traje de baño conocido como burkini y, aunque descartó una legislación nacional, consideró -amparado en el laicismo del Estado- a esta prenda musulmana para la playa como "la traducción de un proyecto político fundado en la esclavitud de la mujer".

Las palabras de Valls al diario francés La Provence surgieron tras los vetos municipales de ciudades de la conservadora Costa Azul que prohibieron el uso de esta prenda que cubre todo el cuerpo excepto la cara, las manos y los pies, con el objetivo de respetar las normas que el islam impone a sus fieles.

Luego de violentos enfrentamientos en territorio francés, se desató en las últimas horas un debate entre los defensores de la libertad de expresión y los partidarios del laicismo en espacios públicos. Valls, en apoyo concreto al reciente veto en Cannes y Villeneuve-Loubet en la Costa Azul y la isla de Córcega, sostuvo que el burkini "no es una nueva gama de trajes de baño, una moda. Es la traducción de un proyecto político, de contra sociedad, fundado principalmente sobre la esclavitud de la mujer". "No acepto esa visión arcaica. Está la idea que, por naturaleza, las mujeres serían impúdicas, impuras, que deberían por lo tanto estar totalmente cubiertas. Esto no es compatible con los valores de Francia y de la República", dijo apelando al laicismo local.

Desde 2011, el burka -el traje que cubre todo el rostro- y el niqab -que sólo deja ver los ojos- están vetados en las calles francesas, mientras que el velo y otros signos religiosos considerados llamativos están prohibidos en centros educativos de primaria y secundaria para los empleados públicos desde 2004.

Esta vez Valls descartó una legislación nacional al decir que "la reglamentación general de prescripciones vestimentarias no puede ser una solución".

El verano europeo fue el nuevo contexto para reeditar un debate que comenzó a principios de mes cuando se canceló para evitar "problemas de orden público" una jornada en un parque acuático de Marsella organizada por una asociación de mujeres musulmanas. Las prohibiciones de esa prenda en tres localidades de la Costa Azul ya llevó a las autoridades a aplicar cuatro multas y seis "advertencias". Ayer se sumó al veto Daniel Fasquelle, alcalde de la ciudad de Le Touquet Valls, por su parte, admitió que entiende a los alcaldes.

Ayer el tema se trasladó a Italia. Allí, el ministro de Interior, Angelino Alfano, se mostró en contra de las medidas de sus vecinos. En una entrevista, dijo que él "tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad y de elegir el nivel de dureza de sus acciones, pero evitar también que se conviertan en provocaciones potencialmente capaces de causar atentados". Y remarcó: "el modelo francés no funciona".

Agencias AFP, DPA y Telam

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