5 de junio 2013 - 00:00

El Gobierno turco suaviza su ofensiva islamizante

Estambul y otras ciudades del país fueron ayer nuevamente escenario de manifestaciones, que no merman a pesar del accionar policial.
Estambul y otras ciudades del país fueron ayer nuevamente escenario de manifestaciones, que no merman a pesar del accionar policial.
Ankara - El Gobierno de Turquía intentó ayer desactivar el descontento de un amplio sector de la juventud, que lo acusa de socavar la democracia e islamizar la sociedad, al asegurar que respeta los "distintos estilos de vida" de todos los ciudadanos.

Así lo afirmó ayer en Ankara el viceprimer ministro, Bulent Arinc, en el quinto día de protestas antigubernamentales en el país.

"Las diferencias constituyen la mayor riqueza de Turquía. Nuestro Gobierno respeta y es sensible a los distintos estilos de vida", aseguró el portavoz del Gobierno, tras entrevistarse con el presidente Abdulá Gul y en un evidente gesto al amplio sector laico de la población, que observa con recelo medidas como la autorización del uso del velo femenino en universidades y las restricciones a la venta de alcohol.

El vicepremier y el presidente pertenecen al partido islamista moderado AKP del acosado primer ministro Recep Tayyip Erdogan, lo que pone de manifiesto crecientes diferencias internas en la agrupación, motivadas sobre todo por la ferocidad de la represión policial, dijeron analistas.

Tras la reunión, Arinc fue más allá y calificó ayer de "justas y legítimas" las primeras manifestaciones contra la urbanización de un parque de Estambul que luego se generalizaron en una ola de protestas contra el Gobierno islamista. Además, pidió disculpas a los manifestantes heridos por la represión policial durante las protestas que desde hace seis días agitan a Turquía, pero también pidió que cesen inmediatamente las manifestaciones. "Me disculpo ante quienes sufrieron la violencia por ser sensibles a las cuestiones ambientales", sostuvo Arinc.

Mientras, la pugna entre decenas de miles de manifestantes y el Gobierno de Erdogan proseguía en las principales ciudades del país, con nuevas manifestaciones que ya causaron dos muertes. En reacción a la violencia oficial, los empleados públicos del país pararon ayer por dos horas.

Según observadores, aunque puede que su futuro político no se decida en las calles de Ankara o de Estambul, lo cierto es que Erdogan perdió mucha autoridad en los últimos días. La violencia, las amenazas y los insultos a los manifestantes muestran la peor cara de su estilo de gobierno autoritario. Y al igual que los dictadores árabes a los que tanto criticó, también él sospecha que tras las protestas hay agentes extranjeros.

Con respecto a las tensiones dentro del oficialismo, los analistas recordaron que, al igual que Erdogan, las raíces políticas del presidente Gul se hunden en el islam y, de hecho, el jefe de Estado es aún más conservador que el primer ministro. Pero también es más abierto y tiene una mayor disposición al diálogo.

En los últimos meses, Gul contradijo a Erdogan en varias ocasiones. Mientras el primer ministro aseguró confiado que su país puede dar la espalda a la Unión Europea y crear alianzas con otros vecinos, el presidente insistió en que el futuro de Turquía está en el Viejo Continente. Y cuando Erdogan amenazó a los manifestantes de la plaza de Taksim de Estambul, Gul reclamó la retirada de la Policía. "Democracia no significa sólo celebrar elecciones", advirtió el presidente. Una escalada de la situación en Turquía y el fortalecimiento del papel de Gul podría suponer un duro golpe para Erdogan, pese a sus logros en materia económica y social.

Agencias AFP, DPA, Reuters, ANSA y EFE, y Ámbito Financiero

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