18 de febrero 2013 - 00:00

El jurado de la Berlinale cumplió con la tradición

La chilena Paulina García ganó el Oso de Plata a la mejor actriz por «Gloria», film favorito del público y del mercado; el Oso de Oro a la mejor película fue para la rumana «Child’s Pose».
La chilena Paulina García ganó el Oso de Plata a la mejor actriz por «Gloria», film favorito del público y del mercado; el Oso de Oro a la mejor película fue para la rumana «Child’s Pose».
Berlín-La 63a. edición de la Berlinale cerró ayer con el «Día del Espectador», tradicional jornada de «yapa» en la que se exhiben los films premiados el día anterior por el jurado internacional. Así, el público pudo ver, «tal vez por última vez en una sala comercial» -como bromeó el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, al abrir el festival, en alusión a la suerte que pueden correr los teóricos grandes triunfadores- las películas que premió el jurado presidido por el cineasta chino Wong Kar Wai.

Con temperaturas rondando en cero grado y atmósfera hollywoodense -alfombra roja, formato estilo Oscars, estrellas más que nada locales y chistes entre la presentadora y Dieter Kosslick, la ceremonia de entrega en el Berlinale Palast de Postdamer Platz, el sabado a la noche. duró una hora escasa.

De las 19 películas a concurso siete resultaron premiadas. Algunos galardones fueron bastante previsibles, como el oso de plata a la actriz chilena Paulina García por su cómica interpretación de una señora divorciada con ganas de vivir, en «Gloria» de Sebastián Lelio, uno de los films preferidos del público y también del mercado, donde se vendió rápidamente a casi todo el mundo.

Dentro del radar de la crítica figuraba el film rumano que se alzó con el oso de oro al mejor film: «Childs Pose», de Calin Peter Netzer (con el que Berlín se anticipa a los Oscar, ya que competirá en el rubro película de habla no inglesa). De sólida factura, anclado en interpretaciones estupendas, el largometraje integra una lista de títulos rumanos que han recibido reconocimiento internacional. Saben combinar conflictos personales con un trasfondo político y social, y en el caso de «Childs Pose», la nueva clase capitalista que se cree más allá de la ley.

El oso de plata a la interpretación masculina recayó en Nazif Mujic, el protagonista angustiado del drama neorrealista «An episode in the Life of an Iron Picker». Rodada en cinco días con un presupuesto de 18,000 euros, la película cuenta la tragedia de una familia gitana - Roma como se llama ahora esta comunidad étnica desperdigada por el Este europeo - que desguaza su auto y lo vende como chatarra para pagar una cirugía. Como los actores no profesionales del neorrealismo italiano, el ganador de esta categoría se interpreta a sí mismo. Sería audaz vislumbrarle un futuro profesional. Las palabras que pronunció Mujic al aceptar el premio fueron sencillas y conmovedoras.

El film también se llevó el oso de plata del jurado, premio interesante porque muchas veces refleja las negociaciones de jurados cuando el primer premio no es unánime.

Satisfacción, aunque no sorpresa, causó el oso de plata al guión de «Closed Curtain», escrito por el realizador iraní Jafar Panahi. La Berlinale mantiene viva la causa del director, a quienes las autoridades de Irán le tienen prohibido hacer cine y salir del país. Las tribulaciones de un escritor y su musa -posiblemente criaturas imaginadas por el cineasta en la primera parte del film- son una alegoría transparente sobre la situación penosa en que se encuentra Panahi, protagonista de la segunda mitad. Una metanarrativa que a Borges le hubiera interesado.

El oso de plata al mejor director causó un cierto estupor porque la comedia dramática «Prince Avalanche», del norteamericano independiente David Gordon Greene («Pineapple Express») no figuraba en el registro de la crítica y, según se dice, fue defendido entre el jurado por el actor estadounidense Tim Robbins.

El oso de plata a una contribución artística notable recayó en la interesantísima película de Kazajstán, «Harmony Lessons», un drama policial que desafía categorización. La dinámica social y moral de una ciudad de provincias en la exrepública socialista soviética de Asia central se analiza con rigor a través de una situación conflictiva entre adolescentes en un colegio secundario. Su audacia narrativa -bien planteada en las primeras secuencias y la sorprendente resolución visual de la última- debe haber impulsado la decision del jurado.

El premio Alfred Bauer, que conmemora al fundador de la Berlinale en 1950, recayó en «Vic and Flo han visto un oso», dirigida por Denis Côté. Este policial canadiense prescinde totalmente de un código narrativo realista para crear un mundo de lógica cuasi surrealista que describe implacable una brutal situación de venganza.

En un primer análisis, si bien el jurado de esta 63 edición de la Berlinale distribuyó los premios en un amplio espectro, primordialmente destacó películas que vinculan una visión de autor a un trasfondo politico y social. En pocas palabras, han continuado la tradición del festival.

* Enviada Especial

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