Obama se ve esta vez más aislado que nunca durante su presidencia. A nivel internacional tiene un solo aliado dispuesto a seguirlo por la vía militar, Francia, y en casa se impone un creciente malestar por la posible intervención en Siria.
Así las cosas, el mandatario se vio obligado a rectificar el sábado: el ataque a Siria que parecía prácticamente seguro hace unos días tendrá lugar más adelante, anunció. O quizá nunca. Y no va a ser el "comandante en jefe" el que tome la decisión, sino el Congreso.
Medios y analistas coinciden en una cosa: con este paso, Obama arriesga bastante. Buscar el apoyo del Congreso en la cuestión siria es "uno de los desafíos más grandes de su presidencia", valoró The New York Times.
El único consuelo para el presidente: ninguna de las vías posibles era en este momento una buena alternativa. Una retirada total, es decir la renuncia a la intervención, habría significado una gran pérdida de credibilidad. Y un ataque militar en soledad, sin apoyo del Congreso, habría convertido sus últimos tres años de presidencia en un infierno. En breve tiempo tiene por delante además decisiones importantes con respecto al presupuesto público y la deuda.
La falta de alternativas muestra hasta qué punto Obama se ha puesto a sí mismo entre la espada y la pared, una situación de la que no saldrá bien parado, pase lo que pase. Muchos expertos lo vinculan directamente con sus propios dilemas: su credo en política exterior fue siempre mantener a Estados Unidos lejos de las guerras y forjar coaliciones internacionales en lugar de actuar en soledad. Eso también explica por qué Obama se mostró desde el comienzo reticente a dejarse arrastrar al conflicto sirio en forma alguna. Es uno de esos casos que "traen problemas infernales, con riesgos infinitos", son algunas de las palabras con las que habría descripto la situación a sus colaboradores.
Todos sus actos y pronunciamientos, desde su apoyo a los rebeldes hasta el anuncio de una intervención militar "limitada", estarían marcados por ese desgano. "Siempre dudó, dio la impresión de estar indeciso, sin concepto", explicó a la cadena CNN el historiador Douglas Brinkley.
Brinkley cree que el presidente tendrá que dirigirse prácticamente a cada congresista si quiere lograr su objetivo. También a los de su propia bancada, los demócratas, que han estado bastante callados estos días, según se percatan analistas.
El único apoyo ha llegado de algunos republicanos, constató el conservador Tom Cole. "Obama es un presidente de guerra sin partido de guerra", dijo.
El secretario de Estado, John Kerry, se mostró, sin embargo, convencido de que "el Congreso hará lo correcto". Lo mismo que ya creyó el primer ministro británico, David Cameron, antes de que el Parlamento le negara su apoyo para una operación militar. Quizá por eso Kerry dejó incluso la opción abierta de que Obama ordene disparar los Tomahawk aun sin el apoyo legislativo. "Totalmente confuso", resumió el analista de la CNN, Fareed Zakaria. "La vía de Obama. ¿Qué vía?", se preguntó.
| Agencia DPA |


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