30 de diciembre 2009 - 00:00

El mercado parece haber desaparecido

El mercado parece haber desaparecido
 Cogito ergo sum (pienso luego existo), la primera verdad de Descartes. Sé que existo con apenas referenciarme a mí mismo y a la unidad (llámese Dios, el universo o como se quiera). En el mundo de las matemáticas un único conjunto de números cumple de alguna manera un precepto similar, el de los números primos. Si aceptamos la extrapolación de esto, que los únicos números que realmente existen son los primos (podríamos invocar el Teorema Fundamental de la Aritmética, pero preferimos pensar que los no primos surgen por un proceso más relacionado con el flujo de Ricci y la respuesta de Grigori Perelman -el matemático más grande de nuestro tiempo- a la conjetura de Poincare), sería fácil demostrar que no existe ninguna fórmula capaz de generarlos. De existir, esta fórmula, ella estaría describiendo el infinito, lo cual es un absurdo. La parte buena de esto es que sería fácil demostrar que la hipótesis de Riemann no tiene solución; y la mala, que a partir de aquí habría que reformular toda la matemática.

Pedimos disculpas por esta avanzada sobre la primera profesión de quien esto escribe (la física), pero vale como ejemplo de lo que queremos postular: si hoy o mañana una ciencia exacta como la matemática puede estar a un tris de tener que cambiar todos sus paradigmas, ¿qué podemos decir/esperar de la economía? No importa si usted entendió o no todo lo anterior, lo que importa es que entienda que hasta que no se pruebe lo contrario, debe cuestionar todas lo que le digamos los economistas, analistas, periodistas, Gobierno y demás yerbas sobre lo que está pasando con la economía y los mercados. Si algo bueno tiene que habernos dejado el año que acaba de terminar no es dinero, sino un poco más de sabiduría (y humanidad). Ayer, el Dow retrocedió 0,02%, a 10.545,41 puntos con apenas 638 millones de papeles en el NYSE. Una rueda casi inexistente.

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