El volumen de la rueda fue menos del 1% superior al del martes. La conclusión es entonces la misma: una rueda casi inexistente, que se fundamenta además en que el Dow, tras permanecer la mayor parte del día del lado perdedor, terminó avanzando un insignificante 0,03%. Resulta casi gracioso que con esto bastó para que el Dow marcase un nuevo máximo anual en 10.548,51. La verdad es que desde principios de mes venimos hablando que muy posiblemente el mercado bursátil terminase el año marcando un récord (anual, se entiende), lo cual en realidad no habla de nuestra sabiduría, sino de lo previsible/distorsionado que sigue estando el sistema financiero. Otro fenómeno que se viene dando y que también anticipamos, aunque esta vez no tan alegre, es la brutal caída en los volúmenes tranzados. Lo negociado diariamente en estas últimas tres ruedas (post Navidad) es casi un 21% menos que lo que se hizo durante las últimas cuatro de 2008. El haber acertado con esto, tampoco tiene nada que ver con poderes de predicción, una inteligencia superior o algo similar, sino con la evidente desconfianza que impera entre los profesionales. Con este contexto las últimas noticias económicas y corporativas no fueron más que meras anécdotas (lo más importante fue la licitación de treasuries a siete años, la mejor recibida en la semana -tal vez esto tenga que ver con que fueron u$s 32.000 millones sobre un total de u$s 118 millones para la semana-, y la urgente necesidad de fondos adicionales de GMAC, mientras lo que hubiera sido una simple anécdota (un automóvil estacionado frente al edificio del Nasdaq en Times Square, que alguien pensó portaba una bomba terrorista) fue lo más comentado entre los inversores.
Aprovechamos para desearle a todos un Feliz 2010 (de corazón lo hacemos), pero si hablamos del mercado hoy parece más temeroso de lo que viene, que de lo que dejó atrás.
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