31 de enero 2017 - 00:00

El millonario más famoso del país ya está tras las rejas

DE FORBES A PRISIÓN. Varias patrullas aguardaban por Eike Batista en el aeropuerto. En 2012 ocupaba el octavo lugar entre las personalidades con mayores fortunas del mundo, de acuerdo con la revista de finanzas.
DE FORBES A PRISIÓN. Varias patrullas aguardaban por Eike Batista en el aeropuerto. En 2012 ocupaba el octavo lugar entre las personalidades con mayores fortunas del mundo, de acuerdo con la revista de finanzas.
Río de Janeiro - El empresario Eike Batista, quien fuera el hombre más rico de Brasil, fue detenido ayer bajo acusaciones de corrupción, inmediatamente después de haber aterrizado en Rio de Janeiro a bordo de un vuelo regular procedente de Nueva York.

Incluido desde el jueves pasado en la lista roja de captura de Interpol, Batista, de 60 años, había prometido entregarse y era esperado por policías al pie de la aeronave de American Airlines, donde viajaba en clase ejecutiva. El exmagnate, que vio naufragar sus negocios petroleros en los últimos años, fue conducido a la superpoblada e insalubre cárcel de Ary Franco, en el norte de Rio, tras una revisión de su estado de salud.

Sin embargo, poco después fue trasladado al Complejo Penitenciario de Gericinó, en Bangú, al oeste de la ciudad. "Después de una evaluación, fue transferido para una unidad acorde con su perfil", dijo la Secretaría de Administración Penitenciaria de Río en un comunicado citado por la estatal Agencia Brasil. Al no tener título universitario, el que fue el séptimo hombre más rico del mundo no podría acogerse a los beneficios de reclusión que da la ley brasileña para las personas con mayor nivel de educación, colocándolas en alas separadas de los presidios. Por tanto, no ingresó al mismo pabellón de Bangú donde están internados otros detenidos de alto perfil, igualmente relacionados con la investigación de corrupción "Lava Jato", como el exgobernador de Rio, Sergio Cabral (2007-2014). Imágenes de Globo Televisión mostraron el traslado de Batista, quien lucía ya sin cabello y con una sencilla remera blanca del uniforme de preso, ingresando a una camioneta policial.

La Policía había tratado infructuosamente de detener a Batista el pasado jueves en su domicilio de Río de Janeiro, dentro de un operativo derivado de la investigación "Lava Jato". Pero el empresario había partido días antes de Brasil. Su abogado informó que se encontraba en Nueva York por trabajo y que regresaría para entregarse, pero las autoridades lo consideraron un fugitivo y pidieron ayuda a Interpol para capturarlo.

Batista es sospechoso de haber pagado u$s16,5 millones a Cabral por una operación que en realidad nunca existió de compra y venta de una mina de oro. El empresario, considerado en 2012 por la revista Forbes como la séptima fortuna del mundo -con más 30.000 millones de dólares-, dijo antes de embarcar en el aeropuerto JFK de Nueva York que volvía a Brasil para entregarse, con la intención "de ayudar a pasar las cosas en limpio".

Queda por ver si sus eventuales confesiones aclaran los negocios, la estrepitosa quiebra y las complicidades con las que contó esta excéntrica figura, que había llegado a simbolizar el entusiasmo que Brasil despertaba en todo el mundo durante la primera década del siglo XXI.

Agencias AFP y DPA

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