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El optimismo de un cautivo; los pasos épicos de un padre
Gustavo Moncayo recorrió 14 países para mantener viva la memoria de su hijo mientras éste se encontraba en manos de las FARC. Durante su periplo, portó en todo momento cadenas, que ayer también exhibió al reencontrarse con el sargento liberado.
Fue secuestrado el 21 de diciembre de 1997 cuando cumplía el servicio militar como cabo primero en una base de comunicaciones del Ejército en el cerro de Pastascoy, en el sureño departamento de Nariño.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tomaron aquella base en una acción que dejó diez muertos y 18 secuestrados, de los cuales 16 fueron liberados tiempo después.
Su familia no tuvo noticias de él hasta el 24 marzo de 1998, cuando recibió la primera prueba de vida: «Fue una locura, no sabíamos si estaba vivo o muerto», relató su padre.
En aquella carta, el soldado pidió a su familia entereza. «He pasado más aventuras que Indiana Jones y si yo sacara una película, él se quedaría en pañales», aseguró.
«Hemos cruzado ríos tres veces mi estatura, hemos probado toda clase de carnes: lapa, guagua, boruga; leo revistas de National Geographic, juego ajedrez y vóleibol, he aprendido a hacer hamacas y me he metido una engordada que ni cuento», señaló en forma de parodia sobre su dramática situación.
El joven, que fue ascendido durante su cautiverio a sargento, pidió a su familia «no retroceder, ni rendirse jamás», y les comunicó que si su amada no lo esperaba, no era problema porque «llegarán muchas más».
«Este papito no se ha varado, no se vara, ni se varará nunca por falta de nenas», les dijo, en un comentario marcado por la ironía.
El locutor de la radio que leyó aquella carta lo calificó como «un gran hijo y un gran hombre, porque a pesar de todo da ánimo y vida a todos».
Esa actitud la volvió a demostrar en su última prueba de vida, que sus padres recibieron de manos del Gobierno de Hugo Chávez en marzo de 2008, cuando dirigió un mensaje a Íngrid Betancourt después de que ésta apareciera demacrada en un video difundido por las FARC.
«Doctora, ámese, porque si usted se ama podrá brindar amor a los demás. Solamente son fuentes de paz los que están en paz consigo mismo, sólo los libres libertan», dijo Moncayo a la ex candidata presidencial que encontró la libertad meses después en una operación de rescate.
Humor
Tampoco le faltó el humor en sus comunicaciones: «La bebida más alcohólica que he tomado es una cola y pola, hemos cruzado ríos infectados y luchamos contra el feroz ataque de los mosquitos».
Hijo de los maestros María Estela Cabrera y Gustavo Moncayo, Pablo Emilio nació el 26 de febrero 1978 en Sandona, una población cercana a Pasto, capital de Nariño. Allí creció y estudió hasta el bachillerato. Después fue a cumplir el servicio militar y se frustraron sus planes de futuro.
Cuando fue secuestrado, Moncayo soñaba con concluir un curso de inglés en el que se había matriculado para viajar después a Estados Unidos, ir a la universidad y convertirse en ingeniero electrónico.
Paradójicamente, la historia de su padre, Gustavo Moncayo, ha tenido más protagonismo que la del propio rehén en estos años, pues puso en marcha una mediática campaña para reclamar un intercambio de secuestrados por guerrilleros presos y un acuerdo de paz.
Con cadenas al cuello y alrededor de sus manos, iguales a las que portan los secuestrados en las selvas, el profesor Moncayo recorrió casi 3.000 kilómetros a pie y visitó 14 países, entre ellos España y Estados Unidos, con el único fin de llamar la atención sobre el drama de los secuestros en Colombia.
Este hombre contó al mundo las consecuencias del conflicto colombiano, las condiciones inhumanas en las cuales vivían las víctimas y ha criticado sin tapujos al Gobierno de Álvaro Uribe por permitir que eso ocurra.
Por todo ello ha sido bautizado como el «Caminante por la Paz». Tras verse obligado a abandonar la docencia, su siguiente sueño, tras la liberación de su hijo, es dictar conferencias en universidades de todo el mundo sobre la necesidad de encontrar una salida a la guerra que se libra en Colombia.
Tras la salida de Pablo Emilio Moncayo, su compañero José Libio Martínez, secuestrado el mismo día, es el rehén que más tiempo lleva de manos de las FARC.
Agencia EFE


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