15 de diciembre 2014 - 00:00

El otro plan: una Constitución que avale la guerra

  Tokio - Japón se encuentra ante un punto de inflexión histórico. La tercera economía del mundo se jugó mucho más que el futuro de su política económica en las elecciones de ayer. Con el triunfo, el conservador Shinzo Abe podrá dedicarse durante los próximos cuatro años a su verdadero objetivo político primordial: modificar la Constitución pacifista.

Abe, el primer gobernante de Japón nacido tras la Segunda Guerra Mundial, quiere regresar a los fundamentos establecidos en 1955 por la formación a la que pertenece, el Partido Democrático Liberal. El mandatario cree que la actual Constitución no se corresponde con la de una nación independiente, ya que a Japón le fue impuesta en 1946 por Estados Unidos tras perder la guerra.

Pero Abe aprendió de la experiencia de su primer mandato, que fracasó en 2007 tras sólo un año. Sus objetivos nacionalistas no lograron entonces mucho apoyo entre la población, así que cuando en 2012 volvió al poder abordó la cuestión de otra manera.

Apostó en primer lugar por una política económica bautizada como "Abenomics", caracterizada por los bajos tipos de interés, las ayudas económicas financiadas con deuda y las promesas de reformas estructurales. Con esas propuestas y con el apoyo de los medios estatales, avivó las esperanzas de poner fin a décadas de deflación y estancamiento. Pero cada vez hay una mayor decepción al respecto. Los precios suben más rápido que los salarios y Japón entró en recesión a finales de este año. Según los críticos de Abe, esto demuestra que para sanear la economía no basta con una política monetaria expansiva.

Pero Abe no quiere oír hablar del fracaso de su "Abenomics", y su convocatoria de nuevas elecciones fue una huida hacia adelante, posiblemente una hábil jugada. El premier sabía que la oposición estaba dividida y nada preparada para unas elecciones, y aprovechó esa situación. Sobre todo, teniendo en cuenta la caída de su popularidad y que el próximo año habrá que tomar varias decisiones impopulares, como la reactivación de los reactores nucleares.

El partido de Abe confiaba en lograr por sí solo una mayoría de dos tercios, algo que ayer alcanzó junto con su socio de coalición, Komeito. Con el triunfo, Abe tendrá vía libre durante cuatro años. Pero está por verse si lo aprovecha para abordar las prometidas reformas estructurales que según los economistas tanto necesita el país.

Al parecer, no es ésa su única preocupación. "Seguro que intentará cambiar la Constitución en los próximos cuatro años", opinó el experto constitucionalista Miho Aoi en declaraciones a la agencia de noticias Kyodo. Primero intentará modificar determinados artículos, antes de abordar el verdadero objetivo, el artículo 9, por el que Japón renuncia a la guerra y a tener fuerzas armadas.

El primer ministro ya eliminó algunos obstáculos de su camino y lo justifica con el aumento de las tensiones en la región. Así, permitió que se "reinterprete" la Constitución para ampliar el papel del Ejército. También se flexibilizó la prohibición de exportación de armas y entró en vigor una ley para la protección de secretos de Estado que a los críticos les recuerda a la época que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. "Noto que Japón llegó a un punto de inflexión", advirtió el premio Nobel de Literatura Kenzaburo Oe.

Agencia DPA

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