- ámbito
- Edición Impresa
El país se inserta en el circuito de arte itinerante
«El hombre que camina», el Giacometti vendido en 104,3 M. Cuando llegue uno de los hombres de esa serie a La Boca se sabrá cuál es el encanto tan especial que determinó ese precio exorbitante pagado por la madre de un anticuario argentino.
No obstante, y si bien los presupuestos de nuestras instituciones -públicas y privadas- son estrechos, mínimos, si se cotejan con los de los Museos de Brasil, el año pasado resultó pródigo para los espectadores porteños: varias muestras de excelencia llegaron desde el extranjero. Para comenzar, el Malba celebró su décimo aniversario con las coloridas y luminosas obras del venezolano Cruz Diez, con una muestra que se prolongará durante el verano y que hoy atrae a miles de visitantes que hacen cola para verla.
Cruz Diez llegó al Malba desde el Museo de Bellas Artes de Houston, que también trajo un conjunto de obras emblemáticas en préstamo, y en estos días, por primera vez desde que el Museo abrió sus puertas, una serie de pinturas significativas de la colección saldrá de gira para que las admiren en Houston. En marzo, el Malba presentará «Bye, Bye American Pie», una muestra que revela sin dobleces el desencanto de la sociedad estadounidense, con artistas como Nan Goldin, Basquiat o Paul McCarthy, entre otros, y curada por Philip Larratt-Smith, flamante gestor de las muestras internacionales del Museo.
A la Fundación Proa arribó en 2011 una exposición memorable de Louise Bourgeois, con una de sus gigantesca y enigmáticas arañas que, estratégicamente colocada en la vereda, provocó estupor en el barrio de La Boca. Allí mismo, en Proa, se puede ver hasta fines de febrero un claro testimonio de la cultura precolombina. Con las piezas que pertenecen al célebre Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y al Museo de Antropología de Salaba, la muestra «Dioses, ritos y oficios del México prehispánico», consigue volver el tiempo atrás y movilizar las conciencias.
Entretanto, Proa se apresta para recibir en el mes de octubre «la gran muestra de 2012», según opinan los expertos, una retrospectiva, la primera Sudaméricana, del genial artista suizo Alberto Giacometti. A través de más de 130 obras provenientes de la Fundación Giacometti radicada en París, se podrán descubrir los primeros trabajos y la relación con Cézanne, el cubismo y el arte africano; hasta los estudios de cabezas y retratos, las figuras femeninas y su personaje que camina (Ver recuadro).
Vale la pena aclarar que junto a las instituciones mencionadas, se debería incluir el Museo Nacional de Bellas Artes, dedicado a cambiar su aspecto vetusto con una estupenda restauración y a gestionar el posible arribo de una muestra de Caravaggio desde Brasil. Todas ellas trabajan desde hace años para insertar a Buenos Aires en el circuito de exhibiciones itinerantes, que suelen llegar hasta Brasil, pero que rara vez bajan hacia el Sur. Aquí no más, en Porto Alegre, que está a sólo dos horas de vuelo, se exhibe hasta marzo una estupenda muestra del italiano De Chirico, y hasta allí llegó, después partirá hacia Belo Horizonte y San Pablo.
Mundialización
La Fundación Proa abrió sus puertas con las pinturas más bellas del mexicano Tamayo y tan sólo la crisis del año 2001 logró interrumpir el flujo de las muestras internacionales. Pero ahora, al igual que el Malba, parece haber centrado su gestión en este objetivo: mundializar la institución con las muestras y también los coloquios, cursos, seminarios y los invitados extranjeros cada día más numerosos que desfilan por Buenos Aires.
Así, el programa de la nueva temporada de Proa comienza con una selección de obras de la reciente Bienal de Lyon, a cargo de la argentina Victoria Noorthoorn. La megamuestra, donde participan varios argentinos, brindará un panorama de la producción contemporánea mundial.
Luego se abrirá el capítulo que completa las pasadas exposiciones dedicadas a explorar e investigar, primero, la interrelación artística entre Buenos Aires y Nueva York, después, la diversidad de corrientes estéticas (arte conceptual, minimalismo, arte povera, performance, creación procesual) y la inserción de nuestros artistas en el mundo durante la década que va de 1965 a 1975.
De algún modo, el carácter de estas muestras resulta reivindicatorio y ahora se presentará un tercer bloque, el más ambicioso, ya que abarca el Pop, los realismos y el arte político de Brasil y la Argentina. La exhibición está organizada por el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro juntamente con Proa, y el trabajo curatorial es compartido: Paulo Herkenhoff tuvo a su cargo la selección brasileña y Rodrigo Alonso la argentina. La alianza entre ambas instituciones facilita la itinerancia: la muestra llegará en 2013 al Museo de Rio de Janeiro. Y no hace falta aclarar la importancia política que implica reunir figuras como Jorge de la Vega y Claudio Tozzi, Hélio Oiticica y Marta Minujín, o Cildo Meireles, Antonio Dias, Rubens Gerchman y Glauco Rodrigues con Antonio Berni. Frente a los diálogos que entablarán esas obras, algunas muy disímiles pero otras muy semejantes, es posible conjeturar que nadie podrá permanecer indiferente.
Si traer arte del exterior es una misión titánica y los costos de cruzar la frontera son altísimos, casi inaccesibles, las relaciones de intercambios de exposiciones entre los museos del interior de nuestro país, que en estos últimos años surgieron de Norte a Sur, son otra asignatura pendiente: recién comienzan a establecerse.


Dejá tu comentario