- ámbito
- Edición Impresa
El Papa habló de aborto y desempleo, y le dio otro golpe a Zapatero
Benedicto XVI fue aclamado por los jóvenes en las calles madrileñas. Su mensaje contra el aborto y el relativismo cultural fue vibrante.
Apenas aterrizó, formuló una severa condena al materialismo, el egoísmo y la violencia. Y por la tarde, ante decenas de miles de peregrinos reunidos en la Plaza de Cibeles y sus alrededores, arremetió contra quienes «creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos».
Los jóvenes «ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad y tanta corrupción», aseguró el Pontífice alemán en el aeropuerto de Madrid, donde fue recibido por los reyes Juan Carlos y Sofía y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, entre otras autoridades. Los jóvenes, afirmó, «miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro», agregó además sobre la situación laboral en España.
Joseph Ratzinger, de 84 años, expresó su preocupación por los problemas y peligros que acosan a muchos jóvenes, como el desempleo, la drogadicción y la discriminación. Algunos «precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella», dijo.
«Que la llama del amor de Cristo no se apague nunca en sus corazones», les dijo ya por la tarde en la Plaza de Cibeles, donde fue aclamado por una multitud que lo esperó durante horas bajo un fuerte sol y altas temperaturas. «Recemos para que su mensaje de amor resuene también en los corazones de quienes no creen».
Fue entonces cuando arremetió contra el relativismo moral en Europa e instó a los jóvenes católicos a no sucumbir a las «tentaciones», como los que «deciden quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias», dijo, aludiendo al aborto y la eutanasia. La referencia al aborto fue un mensaje directo de reprobación al Gobierno socialista, seriamente afectado, además, por la crisis económica.
El Papa hizo en su primer día referencia expresa a las tensiones y los desencuentros que marcaron en los últimos años las relaciones entre el Vaticano y el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, un agnóstico confeso que impulsó leyes como la del matrimonio homosexual, la despenalización del aborto y la agilización del divorcio.
Preocupación
En la última parte de su segundo mandato, Zapatero intentó mejorar su relación con el Vaticano y renunció, por ejemplo, a legalizar la eutanasia tal como había prometido antes de llegar al poder.
Aunque ésta es la tercera visita a España de Benedicto XVI, se trata de la primera ocasión en que el Pontífice viaja a Madrid. Para algunos analistas, la frecuencia de los viajes de Ratzinger a España (tres en cinco años) refleja su preocupación por el avance del laicismo y anticlericalismo en un país de larga tradición católica.
El Papa encontró ayer un país inmerso en una profunda crisis y en un debate sobre si en medio de los amplios recortes al gasto social corresponde ser anfitrión de las Jornadas.
Miles de laicos, cristianos de base, gays e «indignados» del Movimiento 15-M se quejaron ayer por el centro de la capital del hecho, por ejemplo, de que a los peregrinos se les permita utilizar estos días de forma gratis los transportes cuando acaban de terminar de aumentar los precios para los demás usuarios.
Luis Vega, presidente de la asociación madrileña de ateos y librepensadores, declaró que calculan que el gasto público que supondrá la visita del Papa a Madrid, donde permanecerá hasta el domingo, rondará los cien millones de euros.
«No se entiende que un país con cinco millones de parados (desocupados) acoja un evento tan ostentoso», declaró. La desocupación alcanza un 20% y llega hasta el 45% entre los jóvenes.
En ese marco, la Policía cargó y desalojó anoche a los manifestantes reunidos en la Puerta del Sol de Madrid que protestaban contra la visita del Papa. Los manifestantes, que se habían reunido a última hora de la tarde, fueron desalojados a bastonazos por los agentes, que antes habían cerrado la plaza para impedir que se repitieran los enfrentamientos verbales de la víspera entre manifestantes y peregrinos asistentes a la JMJ. «Me han golpeado cinco o seis veces, vamos desarmados, sin hacer absolutamente nada», dijo Bruno, un joven de 30 años, con sangre en su codo.
Agencias DPA, AFP, EFE, Reuters y ANSA

