Wall Street no teme huracanes. Ni inundaciones, misiles o cataclismos. Ocurran lejos o la rocen de cerca. La mayor evacuación de la historia cortó el pulso de la Florida. ¿Un problema para la Bolsa? No. Una ganancia rápida, de ocasión, para los bonos largos, siempre atentos a tales menesteres. La evacuación llegó a Washington DC. Por razones personales, según la carta que mandó Stanley Fischer. Emigrará el 13 de octubre, y dejará vacante la vicepresidencia de la FED. ¿Alguna reacción nerviosa? Tampoco. Está bien que una golondrina que parte no hace el invierno, pero ocho meses antes de tiempo vaticina una frialdad glacial. El mandato de Janet Yellen expira en febrero. ¿Remontará vuelo, también? Es lo que cabe esperar tras el adiós de Fischer. Usaron la misma contraseña: como Yellen en Jackson Hole, el ex titular del Banco de Israel alabó la regulación que se tejió luego de la gran crisis de Lehman Brothers y su consecuencia, un sistema financiero sólido. Su desmantelamiento, la desregulación, es una de las banderas del Trumpismo. ¿Y Wall Street? Imperturbable. El martes, la bomba de hidrógeno del norcoreano Kim le quitó un poco de aire, pero se recompuso con facilidad antes que el huracán Irma tocase tierra, aun sabiendo que José y Katia le siguen los pasos. Tanta templanza impresiona. Hace un mes que el S&P 500 no conquista un nuevo récord (a diferencia del NASDAQ, que lo hizo diez días atrás) pero no ceja ni planea levantar campamento. Y se ubica apenas a 0,79% de los máximos absolutos. Como si los huracanes fuesen promisorios vientos de cola.
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El contraste con los bonos largos, otra vez, asoma nítido y punzante. La Bolsa se yergue contra la adversidad, las tasas largas se inclinan más y más. La de diez años cerró en 2,06% y nadie descarta, a esta altura, que continúe la rampa del descenso, a los niveles de 1,87%, desde donde partió en alza en noviembre tras la sorpresa que produjo la victoria presidencial de Trump. ¿Cómo se conjugan en un mismo momento la erosión de las tasas largas, incesante desde marzo, con el mástil soberbio y creciente de la Bolsa? ¿Qué saben los bonos que las acciones ignoran?, es la pregunta que se repite. ¿Desconfía la renta fija del crecimiento económico que saborean por anticipado las acciones? Seguro. Meses atrás los números les daban la razón. Nobleza obliga: ya no es así. Las estadísticas de la actividad manufacturera una proxy imperfecta de la salud de la economía mundial, pero que admite mediciones mes a mes de rápida confección levantaron la puntería, y hoy le dan la derecha a la Bolsa. En agosto, el Informe PMI Global que cubre la marcha de la industria y de los servicios en un gran abanico de países alcanzó el ritmo más firme de expansión desde abril de 2015. El avance hilvana 15 meses consecutivos y promete cobrar mayor envión. La producción, las nuevas órdenes recibidas, el empleo, los precios de los insumos y los inventarios, todas las categorías computadas, crecen y a una tasa más rápida. El optimismo empresario acompaña de muy cerca. La Bolsa anticipa, sentencia el refrán. Y está claro que su olfato detectó la bonanza primero. ¿Y, entonces, qué es lo que huelen los bonos? En el corto plazo, quizás la huella destructiva de los huracanes y catástrofes varias. Pero todo el mundo sabe que detrás de ella, en los países que cuentan con recursos como los EE.UU, se montarán las tareas de reconstrucción y se propinará un gran impulso adicional. ¿O acaso los bonos se niegan a ver la realidad? Tal vez. Mientras la inflación no asome su rostro, podrán mantenerla en remojo. Un crecimiento sostenido sin inflación puede conciliar el curso actual de acciones y bonos sin frustrar a ninguno. Extraño, raro; si se quiere, el mejor de los mundos, sí. Pero no imposible. Como que se despliega a la vista.
Conviene anotar algo más. El huracán que podía causar más daño derribando el techo de la deuda pública sobre Wall Street acaba de pasar de largo, y no volverá hasta diciembre. El Presidente Trump lo desvió con un sorpresivo acuerdo con los demócratas, que descolocó a la flor y nata de su partido. Una maniobra propia de un diestro timonel. ¿El Aprendiz aprende? Es el instinto de supervivencia de un hombre de negocios al punto de ver encallar su empresa. Es un punto de inflexión, aunque sólo sea patear el problema hacia delante.
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