Habilitado. El PJ habilitó a Randazzo para las PASO, pero el partido aún no definió si irá en el nuevo frente que anunciará hoy Cristina de Kirchner.
El Gobierno miraba ayer extasiado y con cierto grado de incredulidad lo que sucedía en las negociaciones que involucran al PJ bonaerense y Cristina de Kirchner.
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Mientras la expresidenta ordenaba ayer enviarle a Florencio Randazzo la carta de la apoderada partidaria donde se le comunicó al exministro del Interior que podría presentarse a la elección con el sello del PJ ya que el kirchnerismo utilizará un nuevo frente, en la Jefatura de Gabinete una mesa de radicales con Marcos Peña le daba el sello final a la unidad de Cambiemos en todo el país.
En esa mesa en el despacho de Peña, a la que se sentaron Gerardo Morales, Mario Negri, Angel Rozas y José Corral, se pulieron datos menores sobre las alianzas de Cambiemos en todo el país sin terminar de definir listas. La pelea de fondo tiene tiempo aun hasta el 24 de este mes.
Dos realidades opuestas y un escenario de campaña inédito que Cristina de Kirchner le regaló a Mauricio Macri: el peronismo bonaerense una vez mas en medio de un estallido y todo bajo la batuta de la expresidente.
Si hay algo que Cristina de Kirchner ha manejado bien en su carrera política son los tiempos. Con la definición de ayer lo volvió a probar: fue un acto de supervivencia que, de todas formas, no tiene asegurado éxito, pero que logra mantener la tensión en la negociación, bloquearle el camino a Randazzo y sin definirse ella misma como candidata.
El saldo final se conocerá hoy cuando la marea de intendentes termine de acercarse a la decisión de la expresidente, de la que saben mucho menos de lo que se piensa.
Sobre esas realidades hay datos que ya hacen ruido. Sea cual fuere el resultado de esta elección, el aroma a final de época en el PJ bonaerense ayer era indiscutible. Un recuerdo de la elección de Carlos Menem en 2003, ese último tiro en un triunfo que no fue tal vino a la memoria inevitable. No solo para el kirchenrismo: otros actores pueden quedar sometidos también a comparaciones incómodas, como con la elección de 2011 de Francisco de Narvaez, también una despedida.
El peronismo ayer miraba aterrado el escenario bonaerense. Los intendentes saben que el saldo de tanta osadía electoral traerá costos. El macrismo mira el panorama embelesado; los gobernadores del PJ también.
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