20 de septiembre 2011 - 00:00

El peso sigue desde atrás la devaluación en los emergentes

Dilma Rousseff
Dilma Rousseff
Desde el piso que alcanzó el 26 de julio, el dólar ya se revaluó nada menos que el 15,6% contra el real. Contra el peso argentino sólo subió el 1,6%. En otras palabras: si la cotización local hubiera seguido el mismo recorrido que en Brasil, la divisa debería ubicarse en $ 4,78 en el mercado mayorista en vez del nivel de $ 4,208 al que cerró ayer.

Este cálculo muestra la magnitud del incremento que tuvo el tipo de cambio en el vecino país en menos de dos meses. Claro que también es cierto que hasta fines de julio el dólar había caído más del 8% contra el real. Pero con el repunte de las últimas semanas, ahora la divisa norteamericana muestra un incremento del 7,1% en lo que va del año, superando así el 5,7% que subió en la Argentina. Ayer por primera vez en 2011 la depreciación acumulada por el real resultó mayor que la del peso argentino.

La devaluación sucedida en el país gobernado por Dilma Rosseff fue muy marcada, pero no se trató de un hecho aislado ni mucho menos. En realidad, coincidió con un fuerte incremento de la turbulencia internacional, que fortaleció al dólar en el mundo, debilitando al resto de las monedas. En los países emergentes este efecto se sintió particularmente.

En Chile, por ejemplo, el dólar ya acumula una suba del 5,2% frente al peso chileno desde fines de julio, pese a la tradicional estabilidad de esa moneda. En México se dio un fenómeno parecido al de Brasil, ya que la divisa norteamericana subió el 13% en el mismo lapso.

Incluso en Asia la mayoría de las monedas también sufrió una importante caída, de entre el 6% y el 8% contra el dólar.

La devaluación, por lo tanto, actuó como un mecanismo de defensa de los países emergentes ante un período de mayor inestabilidad y turbulencia. Al perder peso la moneda local, el país se vuelve más competitivo, al menos en términos cambiarios y así protege mejor a su productores.

Claro que ninguno de estos países tiene hoy el problema de la Argentina: una fuerte fuga de capitales. La fuerte dolarización de carteras que sufre el país prácticamente desde principios de año le pone límites al ritmo de devaluación. Sucede que en agosto el Central intentó incrementar la velocidad de suba del dólar y sólo provocó que aumente la compra de divisas.

Si la Argentina tenía un problema cambiario antes de que comenzaran las devaluaciones en los países emergentes, ahora el atraso del tipo de cambio se vuelve mucho mayor. Aunque el problema no tiene fácil resolución, ya que este fenómeno está vinculado con los altos niveles de inflación. Ese encarecimiento que la economía argentina sufre en dólares puede ser parcialmente compensado con una devaluación, pero se trata de una estrategia con fuertes limitaciones. Por lo tanto, la lógica indicaría que luego de la elección presidencial se trabaje en serio para suavizar la suba de los precios y no precisar de un aumento abrupto del dólar, que sólo genera mayores remarcaciones y nerviosismo entre los inversores.

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