A Leopoldo Marechal le gustaba recordar el día en que, en los años 20, acompañó a su entonces amigo Jorge Luis Borges al Mercado de Abasto, lugar de carreros y cuchilleros, donde los hombres bailaban en la vereda un tango silbado. Borges se dedicaba a anotar las leyendas que llevaban los carros de verduleros y matarifes, con las que escribiría el artículo "El costado sentencioso". Algún malevo lo vio y lanzó la sospecha de que se trataba de un inspector que les estaba haciendo la boleta, y Borges y Marechal tuvieron que salir rajando. Borges podría haber sostenido, como los compiladores de esta obra, que "el refrán nace en el seno del pueblo, de gente iletrada pero no inculta, porque conoce el sentido de la vida e interpreta lo esencial de lo humano, a partir de ese humilde origen, va expandiéndose y ascendiendo socialmente, valido de su verdad y agudeza, y se hace sitio en la conversación de los letrados, en los medios de comunicación, en los debates, en la literatura". En el costado sentencioso de los carros, de la investigación de campo de Borges, había frases cursis, graciosas, y la expresión más breve de la sabiduría popular anónima que se denomina refrán, y de las que este libro reúne más de ocho mil en una "cosecha lograda en el campo -fértil en ellos-, en los pueblos y en la ciudades", en compilaciones provinciales y nacionales.
¿Los refranes fueron twits antes de que existiera el famoso servicio de microblogging? La mayoría de los refranes entran perfectamente en el límite impuesto de 140 caracteres. Por ejemplo: "el dinero es callado, jamás dice si fue robado", "Más tiene el rico aunque pierda, que el pobre por más que gane" o "No hay ladrón sin encubridor" o "Poco a poco se sorbe el niño sus mocos". El refrán es "la sabiduría placentera en pequeñas cápsulas" y con pudor académico se menciona que "tira más un pelo de mujer, que una yunta de bueyes" pero, a la vez, se da la libertad de registrar que "al oscuro y al tanteo, no hay culo feo". Muchos de los refranes reunidos por la Academia Argentina de Letras son tradicionales, de uso en la charla diaria, y muchos de evidente origen español. Deja de lado otros, tan groseramente procaces como divertidos, seguramente para que los reúna otra Academia, la Argentina de Lunfardo.
Según un comentario, que podemos suponer de la compiladora Gabriela Pauer, se podría sospechar que esta obra erudita es un instrumento arqueológico, dado que el refrán es una especie en vías de extinción. Los cambios en la vida familiar, sostiene, ha hecho que los refranes giren cada vez menos en circuito hogareño. En las grandes ciudades, "los adolescentes lo desconocen o lo desconsideran" y "resta en la memoria de los mayores y poco es lo que cae en la conciencia de los muchachos". Cuando los refranes son reflotados constantemente por los medios, resulta curioso que sea real la desaparición de refranes en el universo juvenil cuando sus componentes son dados a construir jergas que los diferencien y los relacionen con una determinada tribu urbana, y cuando suelen utilizar como refranes eslogans publicitarios y frases de músicos, de deportistas y de canciones. Anoto: "Cuando el agua sea más clara, todo se resolverá (Charly García), "Yo crecí en un barrio privado de Buenos Aires. Privado de agua, de luz y de teléfono" y "La pelota no se mancha", y "Se le escapó la tortuga" (Diego Maradona) "La suerte nunca llega si la estamos esperando" (Andrés Calamaro). En fin, etcétera.
| M.S. |



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