22 de junio 2009 - 00:00

El régimen iraní reconoció que hay indicios de “irregularidades”

La web siguió siendo el espacio para que los iraníes permitan conocer al mundo imágenes de la revuelta y la represión
La web siguió siendo el espacio para que los iraníes permitan conocer al mundo imágenes de la revuelta y la represión
Teherán - Más de una semana después de las elecciones presidenciales y luego de la violenta represión de las protestas, el Consejo de Guardianes de la Revolución, una de las máximas autoridades de Irán, reconoció anoche que hubo irregularidades en los comicios, informó el canal de televisión Press TV.

Según indicó el vocero del cuerpo de ayatolás, se determinó que en 50 ciudades participaron más personas de las que figuraban en el padrón electoral y que las anomalías se refieren a más de tres millones de votos. Sin embargo, subrayó que aún se debe establecer si estos sufragios fueron decisivos para el resultado.

El Consejo de los Guardianes se había declarado dispuesto a recontar el 10% de los votos, a modo representativo, a raíz de la crisis desatada tras los comicios. De acuerdo con los datos oficiales, el presidente Mahmud Ahmadineyad fue reelecto con casi el 63% del escrutinio, mientras que el candidato opositor, Mir Husein Musaví, obtuvo el 34%.

En la República Islámica de Irán, en la que los religiosos también definen la política, el Consejo de los Guardianes es un importante organismo de control. Sus 12 miembros evalúan todas las leyes presentadas por el Parlamento para determinar si son compatibles con el derecho islámico.

Esta conclusión se conoció horas después de que el presidente iraní culpó a «agentes extranjeros», Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, la prensa occidental y a los «terroristas» de ser los verdaderos responsables de los disturbios que sacuden el país desde la cuestionada reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad.

El mandatario advirtió a EE.UU. y el Reino Unido que deben poner fin a la «interferencia» en los asuntos internos del país. «Con estas opiniones prematuras saldrán con toda seguridad del círculo de los amigos de Irán, así que les aconsejo enmendar su postura intervencionista», señaló.

Horas después, el Gobierno ordenaba la expulsión del corresponsal permanente de la cadena nacional británica BBC, John Lyne, al que acusó de mostrar una imagen falsa del país y de alentar los disturbios con sus informaciones. Según las autoridades, Lyne faltó a la ética de su profesión al emitir noticias «que no se ajustan a la realidad».

El periodista, al igual que el resto de los corresponsales que aún se encontraban en Teherán, tenía prohibido desde el pasado martes salir a la calle para informar sobre las manifestaciones de la oposición, que el régimen considera ilegales.

Por su parte, la organización internacional Reporteros sin Fronteras (RSF) aseguró que la cifra de periodistas detenidos por las autoridades iraníes desde el inicio de las protestas aumentó drásticamente durante el fin de semana hasta 33.

Entre los detenidos se encuentra, según sus datos, el jefe de la asociación de periodistas iraníes, Ali Mazroui. Además, la revista estadounidense Newsweek comunicó que su periodista en Irán, el canadiense Maziar Bahari, había sido detenido.

El ataque contra Occidente lo había iniciado el ministro de Relaciones Exteriores, Manoucher Mottaki, quien en un encuentro con el cuerpo diplomático acreditado en Teherán acusó a Francia, Alemania y el Reino Unido de aprovechar las elecciones presidenciales para tratar de derrocar al régimen.

Mottaki fue especialmente duro con el Foreign Office británico, al que acusó de perturbar la paz en Oriente Medio para «proteger al Estado sionista», en alusión a Israel.

En medio de ese caos político y social, el líder de la oposición, Mir Hussein Musaví, instó a sus partidarios a continuar con las protestas en calma tras la muerte de veinte personas en una manifestación.

Helicópteros sobrevolaban el cielo de Teherán y se escuchaban disparos en el norte de la capital. Las manifestaciones contra las cuestionadas elecciones presidenciales llegaron a su punto crítico este sábado, con una veintena de víctimas.

Las autoridades tacharon a los manifestantes de «terroristas» y agitadores, una muestra más de su determinación a acallar las protestas. Pese al baño de sangre del sábado, Musaví pidió a sus seguidores que no desistan: «Protestar contra las mentiras y el fraude es un derecho del pueblo», aseveró.

En los distritos del norte de Teherán, bastión de Musaví, sus partidarios subían a los techos para cantar consignas en desafío, una repetición de las tácticas usadas en la Revolución Islámica de 1979. Al cierre de esta edición no había informes con el número de víctimas.

Por otra parte, la Policía iraní detuvo ayer a cinco miembros de la familia del ex presidente iraní Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní. Posteriormente, cuatro de ellos fueron liberados. Sólo permanecía retenida Faezah Hashemi, una de las hijas del antiguo mandatario, que había participado en una manifestación en favor de la oposición, según la televisión iraní Press TV.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

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