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El régimen iraní reconoció que hay indicios de “irregularidades”
La web siguió siendo el espacio para que los iraníes permitan conocer al mundo imágenes de la revuelta y la represión
Horas después, el Gobierno ordenaba la expulsión del corresponsal permanente de la cadena nacional británica BBC, John Lyne, al que acusó de mostrar una imagen falsa del país y de alentar los disturbios con sus informaciones. Según las autoridades, Lyne faltó a la ética de su profesión al emitir noticias «que no se ajustan a la realidad».
El periodista, al igual que el resto de los corresponsales que aún se encontraban en Teherán, tenía prohibido desde el pasado martes salir a la calle para informar sobre las manifestaciones de la oposición, que el régimen considera ilegales.
Por su parte, la organización internacional Reporteros sin Fronteras (RSF) aseguró que la cifra de periodistas detenidos por las autoridades iraníes desde el inicio de las protestas aumentó drásticamente durante el fin de semana hasta 33.
Entre los detenidos se encuentra, según sus datos, el jefe de la asociación de periodistas iraníes, Ali Mazroui. Además, la revista estadounidense Newsweek comunicó que su periodista en Irán, el canadiense Maziar Bahari, había sido detenido.
El ataque contra Occidente lo había iniciado el ministro de Relaciones Exteriores, Manoucher Mottaki, quien en un encuentro con el cuerpo diplomático acreditado en Teherán acusó a Francia, Alemania y el Reino Unido de aprovechar las elecciones presidenciales para tratar de derrocar al régimen.
Mottaki fue especialmente duro con el Foreign Office británico, al que acusó de perturbar la paz en Oriente Medio para «proteger al Estado sionista», en alusión a Israel.
En medio de ese caos político y social, el líder de la oposición, Mir Hussein Musaví, instó a sus partidarios a continuar con las protestas en calma tras la muerte de veinte personas en una manifestación.
Helicópteros sobrevolaban el cielo de Teherán y se escuchaban disparos en el norte de la capital. Las manifestaciones contra las cuestionadas elecciones presidenciales llegaron a su punto crítico este sábado, con una veintena de víctimas.
Las autoridades tacharon a los manifestantes de «terroristas» y agitadores, una muestra más de su determinación a acallar las protestas. Pese al baño de sangre del sábado, Musaví pidió a sus seguidores que no desistan: «Protestar contra las mentiras y el fraude es un derecho del pueblo», aseveró.
En los distritos del norte de Teherán, bastión de Musaví, sus partidarios subían a los techos para cantar consignas en desafío, una repetición de las tácticas usadas en la Revolución Islámica de 1979. Al cierre de esta edición no había informes con el número de víctimas.
Por otra parte, la Policía iraní detuvo ayer a cinco miembros de la familia del ex presidente iraní Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní. Posteriormente, cuatro de ellos fueron liberados. Sólo permanecía retenida Faezah Hashemi, una de las hijas del antiguo mandatario, que había participado en una manifestación en favor de la oposición, según la televisión iraní Press TV.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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