27 de junio 2016 - 00:00

El sello Fattoruso se impone en su dúo con Albana Barrocas

El HA Dúo es la conjunción de dos músicos uruguayos de distintas generaciones, donde el estilo y el tono siempre lo marca el experimentado Hugo Fattoruso.

EL DÚO.  Fattoruso-Barrocas se parece más a un solista con un respaldo de acompañamiento de muy buena factura.
EL DÚO. Fattoruso-Barrocas se parece más a un solista con un respaldo de acompañamiento de muy buena factura.
Los dos son montevideanos. Hugo Fattoruso, compositor, tecladista, acordeonista, arreglador y muchas otras cosas, es, sin dudas, una de las mayores referencias para la música popular de su país y del resto del continente; no casualmente recibió recientemente aquí el premio Konex al más importante músico popular de la década en el Mercosur. La otra, Albana Barrocas es percusionista, baterista y experta en capoeira y más allá de esta sociedad tiene su propio proyecto personal. En esta dupla se unieron entonces no sólo dos generaciones muy diferentes así como sus historias con la música: la de una artista joven en proceso de expansión y crecimiento y de otro, maduro, absolutamente consolidado y punto de encuentro para muchos colegas en toda América.

Fattoruso y Barrocas llevan un tiempo trabajando juntos y tienen ya dos discos registrados, "Neo" de 2013 -premiado en Uruguay- y "Canciones y aéreos" del año pasado. E incluso han hecho giras por el mundo, en dúo o con otros músicos, mostrando su trabajo.

Para empezar a describir lo que hacen hay que partir de conocer el pasado de Fattoruso, desde sus muy lejanas experiencias con Los Shakers u Opa a sus búsquedas con el candombe de Rey Tambor, el jazz de sus sucesivos tríos familiares, la murga con La Escuelita (y con Jaime Roos), su sociedad con el japonés Yahiro Tomohiro para "Dos orientales", o sus innumerables trabajos con cuanto cantante o músico latinoamericano ilustre se cruzó en su camino. Con esa trayectoria es él quien termina de poner el tono a este dúo que, en rigor de verdad, se parece más a un solista con un respaldo de acompañamiento de muy buena factura. Una parte significativa de los temas son suyos. Va del candombe al folklore argentino, de la improvisación jazzística -a veces muy libre- a la canción urbana, de la milonga "a la Zitarrosa" al vals venezolano, del bolero a la música de Brasil. Todo convive con naturalidad, como pueden juntarse los temas propios con los de autores como Atahualpa Yupanqui ("Piedra y camino"), Fernando Cabrera ("La casa de al lado"), o Pedro Ferreira ("La luna vino al candombe"), siempre en versiones distantes de las originales y con su sello inconfundible.

Para la ocasión, Fattoruso se limitó a tocar el piano de cola, instrumento que maneja con solvencia, y a cantar en algunos casos, sin ser un cantante virtuoso; y sólo agregó algunos pequeños efectos electrónicos como plus sonoro. Su compañera, en cambio, tuvo la responsabilidad de tocar unos cuantos instrumentos: maracas, panderetas, tambor, cajón y birimbao, un artefacto del folklore del nordeste de Brasil que maneja con particular destreza.

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