28 de enero 2009 - 00:00

El Super Bowl parece lo único a salvo de la crisis

Kurt Warner, el quarterback de los Arizona Cardinals, rodeado por la prensa en el estadio de Tampa donde el domingo se jugará el Super Bowl. La crisis no llegó a la final de la NFL: avisos de 30 segundos a u$s 3 millones y entradas a u$s 4.000.
Kurt Warner, el "quarterback" de los Arizona Cardinals, rodeado por la prensa en el estadio de Tampa donde el domingo se jugará el Super Bowl. La crisis no llegó a la final de la NFL: avisos de 30 segundos a u$s 3 millones y entradas a u$s 4.000.
«¿Crisis: qué crisis?» El título del viejo álbum de Supertramp suena adecuado para describir la actitud de los estadounidenses respecto de su máximo evento deportivo: el Super Bowl. El partido se juega el domingo por la tarde, y televisa ESPN.

Todavía quedan entradas: si se apura y entra al sitio selectaticket.com, podrá conseguir un «box» para 16 personas por u$s 62.000. O sea: u$s 3.875 por butaca; desde ya, el valor incluye el copioso catering con que el operador del estadio abastece a estas localidades de privilegio, estacionamiento para 8 vehículos y otros «amenities» habituales en estos casos.

Lamentablemente, se trata de un palco ubicado en una esquina, o sea, una ubicación que no es de las mejores; es que los boxes del centro de la cancha fueron comprados por empresas para agasajar a sus clientes hace meses y llegaron a pagar hasta un millón de dólares por las 16 poltronas que se parecen más a un asiento de primera clase de avión que a una platea deportiva. Hay entradas más baratas, pero ninguna baja de los u$s 1.500 y algunas rozan los u$s 4.000 en el «site» apuntado.

También colocar un spot de 30 segundos de publicidad que será visto por unos 100 millones de televidentes sólo en Estados Unidos costará u$s 3 millones a pesar de la crisis. La historia de este partido está repleta de avisos célebres, como el de Apple en la década del 80 (sólo se vio ese domingo), dirigido por Ridley Scott («Alien», «Blade Runner», etc.), o algunos de Pepsi con Michael J. Fox («Volver al futuro») como protagonista. En la década del 70, los Pittsburgh Steelers eran el equipo a batir, y tenían a un defensor llamado «Mean» (malvado) Joe Green, que en un aviso rechazaba a un chico que le pedía la camiseta para después regalarle la gaseosa.

El aviso fue replicado en la Argentina años más tarde con Diego Maradona en el rol del «Malvado» Joe.

Sin embargo, los principales avisadores son las marcas de cerveza: se estima que ese día se consume un 5% del total anual de «brews» vendidas en EE.UU. También es un clásico la campaña de Disney: hace 20 años al MVP (mejor jugador) del partido le preguntan en cámara qué va a hacer ahora, y responde: «I'm going to Disneyworld». En este caso, el viaje será corto: Tampa está a unos 300 km de Orlando. El monto que le pagan al MVP es un secreto de Estado, pero crece año a año.

Estos valores demuestran la pasión que despierta en Estados Unidos el Super Bowl, la final anual de lo que en esta parte del mundo se llama fútbol americano (y que para ellos es apenas football). Esta vez, el partido entre los Arizona Cardinals y los Pittsburgh Steelers (Acereros) será en Tampa, una ciudad de Florida sobre el Golfo de México, y en cuyos Buccaneers alguna vez jugó (y ganó el Super Bowl) el argentino Martín Grammatica.

Crecimiento

El Super Bowl tiene una historia breve (apenas 43 años) si se la compara con otros grandes eventos deportivos del mundo. El football profesional era un espectáculo casi marginal hasta después de la Segunda Guerra Mundial; los estadounidenses se apasionaban más por la versión universitaria del juego. Sin embargo, después de 1945, y gracias a que la TV comenzó a cubrirlo mucho más, la NFL (National Football League) fue ganando terreno entre los aficionados.

Por eso, en los 60, surgió la competidora AFL (American Football League), con franquicias en muchos casos en las mismas ciudades que las de la NFL. Al principio, los magnates de esta liga ni siquiera miraban de reojo a los advenedizos de la AFL, pero como ésta crecía, no tuvieron más remedio que hablar de fusionarse. Así fue como en enero de 1967 se jugó la primera « final» entre el campeón de la NFL y el de la AFL.

Antecedentes

Fue una masacre: los Green Bay Packers de la NFL destrozaron a los Kansas City Chiefs de la AFL. Los Packers eran dirigidos por Vince Lombardi, el mítico «head coach» que da nombre al trofeo que se entrega al ganador del Super Bowl, y autor de la frase: «Ganar no es lo más importante: es lo único», que inspiró a más de un técnico de fútbol en todo el mundo.

La masacre se repitió al año siguiente, de nuevo con los Packers como protagonistas, pero esta vez con los Oakland Raiders como víctimas. Parecía que el dominio de la NFL no sería desafiado por los «advenedizos» por mucho tiempo.

Pero apareció un joven «quarterback» llamado Joe Namath, una especie de Bambino Veira de los New York Jets (AFL) tanto en su talento como en su pinta de joven desvergonzado y su afición por las chicas lindas y

Viene de Contratapa las noches largas. Y se animó a garantizar una victoria sobre los Baltimore Colts, que para los apostadores eran favoritos por 18 tantos. El partido terminó 16 a 7 para los Jets, y la AFL ya no sería el hazmerreír de la NFL. Esto, obviamente, generó mucho más interés en el público, y desde entonces el Super Bowl es el evento del año que más gente mira por TV en EE.UU.

Entretiempo

Finalmente, hay que hablar del show del entretiempo, una parte del programa casi tan esperada como el partido mismo. Por el escenario que se monta y desmonta en tiempo récord, pasaron figuras tan disímiles como Michael Jackson, Tony Bennett, Stevie Wonder, Christina Aguilera, Aerosmith, U2, Paul McCartney, The Rolling Stones, Prince y -el año pasado-Tom Petty & the Heartbreakers. Este año será el turno de Bruce Springsteen. «The Boss» tocará varios de sus mayores éxitos, incluido obviamente «Born in the USA». Igual que el Super Bowl...

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