3 de diciembre 2012 - 00:00

El teatro despidió ayer a Onofre Lovero

Onofre Lovero
Onofre Lovero
A los 87 años, a raíz de un ataque cardíaco, murió el sábado Onofre Lovero, actor, director e impulsor del teatro independiente. Presidente de la Asociación Argentina de Actores por dos períodos seguidos (entre 1984 y 1988), Lovero también comandó el ente ProTeatro.

Nacido el 14 de marzo de 1925 en Villa Crespo, en 1952 fundó el Teatro de los Independientes (actual Payró) y dos décadas más tarde participó en la fundación de la Unión Cooperadora de Teatros Independientes y compartió la creación del Teatro Popular de la Ciudad. Además de su trabajo como gestor de espacios teatrales, como actor debutó en 1942 con la puesta de «En familia», de Florencio Sánchez. Desde entonces tuvo una actividad incesante: ingresó en 1945 en Tinglado Libre Teatro y continuó con la dirección del Teatro Florencio Sánchez y el Nuevo Teatro. También adaptador y traductor de obras, se recuerdan sus trabajos en «La ópera de dos centavos» y «Galileo Galilei», de Bertolt Brecht, «Edipo Rey», de Sófocles, «Muñeca», de Armando Discépolo, y «Batalla de negro y perros», de Bernard-Marie Koltés.

El cine aprovechó de modo bastante curioso su figura alta, imponente, de frente despejada, y es probable que hoy los jóvenes lo registren por sus apariciones en films cómicos antes que por su extensa labor dramática. Así es, Lovero apareció en «Los matamonstruos en la mansión del terror», junto a Nathan Pinzón, «Extermineitors II: La venganza del dragón», y la picaresca «La gran ruta» (hace de sargento).

Diversidad

También hizo policiales, representando algún comerciante del vicio, y algunas que requirieron de su empaque para encarnar personajes históricos: lo vimos como José Hernández en «La vuelta de Martín Fierro», Dalmacio Vélez Sarsfield en «Rosas» e Hipólito Yrigoyen en el musical «Frutilla». Además, apareció en varias obras que alguna vez quisieron ser serias y artísticas y hoy dan algo de risa o vergüenza ajena, a las que se prestó de buena fe y con toda voluntad, pero eso es otra cosa.

Otros títulos son más apreciables: el documental platense «Informes y testimonios. La tortura politica en Argentina 1966-72», exhibido inicialmente en forma clandestina, y la comedia «Adiós, Roberto», primer film nacional que trató abiertamente un conflicto de definición sexual, y donde Lovero tiene una memorable escena de padre recriminador. Lamentablemente, otros films que, según dicen, lo mostraban en excelentes actuaciones, hoy no pueden verse: «La buena vida», de René Mujica, cuyas copias se han perdido, y «Chau, papá», de Ricardo Alventosa sobre la pieza teatral de Alberto Ade- llach, que quedó inconcluso.

Para rastreadores: a Lovero se lo reconoce de joven, todavía con su apellido real López Sansac, en escenas de «Captura recomendada», «Rosaura a las diez» y «La casa del ángel». En televisión supo tener una buena época, desde 1969, con «Los exclusivos del 11» y «Cosa juzgada», el programa del clan

Stivel, con el que actuó también en la película «Los herederos», hasta los «Cuentos para la noche», de 1976, por Canal 7. Entre medio, «El teatro de Jorge Salcedo», «Tardes de cine y teatro», «Malevo» y «Alta comedia». En los 90 participó en la reaparición de este programa, pero la televisión ya era otra cosa.

P.S.

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