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“El tejido social de Chile es muy precario”
Marco Enríquez-Ominami permanecerá en la Argentina hasta el viernes. Tenderá puentes con dirigentes de su generación, porque cree más en perspectivas generacionales que en ideologías.
No obstante, dado lo vertiginoso de su ascenso, es uno de los principales actores de la política chilena. En un hotel ubicado en la calle Arroyo, Enríquez-Ominami sugiere que no tiene ningún prurito per se con el hecho de que ministros provengan de la actividad privada, fenómeno que caracteriza al gabinete de Sebastián Piñera. «El problema es que no hay contrapesos, y analizan los dilemas éticos y sociales sólo desde una idea gerencial», y cita como antecedentes a «Gonzalo Sánchez de Lozada, en Bolivia; Vicente Fox, en México, y Collor de Mello, en Brasil, los que no han tenido grandes éxitos». El siguiente es el diálogo mantenido entre Enríquez-Ominami y Ámbito Financiero:
Periodista: ¿Se arrepiente de cierta laxitud ideológica, que pudo desdibujar su propuesta electoral?
Marco Enríquez-Ominami: Reivindico la fraternidad que alcanzamos. No tuvimos conflictos internos que sí exhibieron Frei y Piñera. Sí tuvimos diferencias gigantescas que se expresaron el día que perdí, cuando dije: libertad de acción. Sabía que en mi base de apoyo concurrían fuerzas de la izquierda más dura a la derecha liberal y el centro católico. Y esa diversidad es una virtud, no un defecto.
P.: ¿Cómo piensa acomodarse en un escenario con un Gobierno conservador y la Concertación en proceso autocrítico?
M.E-0: Estoy construyendo un partido político distinto y un think tank con domicilio conocido, que es un progresismo que se haga cargo de los silencios de la democracia. Quiero formar un modelo cauteloso para no caer en un partido opaco. Soy consciente de que en este momento nuestro piso no es el 20% de los votos de diciembre. Tenemos cero. La Concertación tuvo un diagnóstico certero hace 20 años; pero ahora nos convocan los desafíos de segunda generación. En dos décadas, nunca la Concertación había recogido una reforma tributaria como la que nosotros proponíamos. La ha recogido Sebastián Piñera, ahora.
P.: ¿Cómo ve el comienzo de Piñera?
M.E-O.: El nivel de conflicto de intereses que el presidente Piñera ha estirado en el tiempo demuestra poca prudencia y un mal ejemplo para sus ministros. El problema no es el conflicto de intereses, sino la cantidad de casos.
P.: Algunos dicen que el terremoto, con la crisis social que generó, mostró un «Chile oculto». ¿Lo comparte?
M.E-O.: Estoy completamente de acuerdo. El terremoto demostró un país de cartón-piedra (papel maché). Es el Estado el único capaz de enfrentar la reconstrucción, no la caridad, como apunta Sebastián Piñera. La caridad es una manera de hacerse trampa, porque un país se levanta sobre impuestos, aunque sea una frase arriesgada. La imagen de los saqueos y la reacción de la autoridad tiene que ver con la psicología del sheriff. Chile aprendió a ser el mejor alumno, pero no el mejor compañero, y eso se vio en la población. La Concertación y la derecha no han sabido construir un tejido social, que es muy precario.
P.: ¿Qué opina de la pequeña polémica que se generó por el nombramiento como embajador en Buenos Aires de Miguel Otero, por su pasado pinochetista?
M.E-O: Fue Piñera el que se comprometió a no nombrar a ningún alto funcionario público vinculado a la dictadura, y eso no se cumplió. Entiendo que algunas promesas no las va a poder concretar por el terremoto, pero vender sus propias empresas y los nombramientos de funcionarios depende de él.
Entrevista de Sebastián Lacunza


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