Antes de que arrancara la sesión, el BCE ya había subido sus tasas de acuerdo con lo esperado. Como era esperado, el hecho prácticamente no repercutió en el valor de los activos financieros que habían descontado en gran medida el incremento. El problema -para los alcistas- se suscitó casi una hora después del arranque cuando llegaron las noticias de un nuevo terremoto -de igual intensidad que el último, pero según las primeras informaciones no tan terrible: esta vez no hubo un Tsunami- azotando la prefectura de Miyagi en Japón. Sin entrar a analizar lo que esto puede significar para la economía nipona, el primer efecto de la noticia fue impulsar el precio del yen y luego el del petróleo que, trepando un 1,3%, cerró en u$s 110,24 por barril, el máximo en 30 meses -es justo reconocer que la tensión en Gaza y Nigeria ayudaron a la suba-, y deprimir el de los commodities blandos (alimentos), dando como resultado una jornada neutra para el universo de las materias primas (el oro trepó un 0,05% a u$s 1458,5 por onza). En el frente bursátil, el efecto de la noticia no se vio tanto por el lado de los precios (de trepar un 0,11% poco antes del sismo, el Dow llegó a caer un 0,79% en lo peor de la jornada) como el del volumen, que alcanzó 910 millones de papeles en el NYSE. A medida que pasaban las horas y viendo que no aparecía ninguna otra novedad adversa, los precios se fueron recuperando de la mano del incremento de las ventas (marzo) de varias tiendas minoristas y cuando sonaba la campana, el Dow reducía la pérdida al 0,14% cerrando en 12.409,49 puntos.
En el Congreso los republicanos aprobaron la extensión por una semana más del Presupuesto. Veremos si hoy la veta Obama.
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