26 de junio 2009 - 00:00

El territorio de la bohemia

El territorio de la bohemia
«No dejes de ir a Santa Teresa cuando vayas a Río de Janeiro; es una visita turística obligatoria y si no vas pronto, ese barrio de la bohemia lo vas a ver convertido en una zona exclusiva para neomagnates que te van a contar del éxodo de los artistas que allí vivían», recordaba un broker, en una mesa de La Biela, la enfática recomendación de un operador de viajes que fue decisiva para que, en vez de andar por Ipanema, eligiera conocer un barrio que es un imperdible polo turístico y gastronómico. «Dicen que Santa Teresa es el Montmartre de Río de Janeiro, porque cuando entró en decadencia, y de barrio caro se volvió barato, fue ocupado por artistas y artesanos, se volvió refugio de bohemios. Yo creo que le está pasando lo que al Soho de Nueva York, 'el barrio de Río' trepó en target. Cuando llegaron los yuppies y los empresarios extranjeros, los artistas se fugaron, quedaron las galerías, las boutiques, los cafés, los restoranes con algún tipo de destaque. Hay que apurarse y no perder el tranvía», indicó el broker. El tranvía, que no es allí el tranway sino el «bondi», el «bondinho», es el gran modo de hacer una primera recorrida por ese pintoresco barrio que desde principios del siglo XIX hasta 1960 fue zona de iglesias coloniales, mansiones aristocráticas y «castelinhos», y la gran meta de la burguesía ascendente y, a partir de los 60, territorio de escuelas de samba, de talleres de artesanos para las escolas del carnaval, hogares de periodistas y escritores, atelieres de fotógrafos, dibujantes y pintores. Contra todo prejuicio y sospecha, los nuevos pobladores no convirtieron el lugar en un caos, sino que le otorgaron con esa conjunción entre lo popular y lo culto una especie de paz provinciana, sólo interrumpida por sones que invitan a bailar.

Resulta inevitable la experiencia de viajar en el descangallado tranvía, patrimonio carioca y emblema de Santa Teresa. Luego, no hay que dejar de ir al Museo de Chácara do Céu, que tiene una valiosa colección de arte europeo, con obras de Matisse, Modigliani, Dégas, Seurat, Miró, y de arte brasileño: obras de Di Cavalcanti, Antonio Bandeira y Portinari. Por una pasarela se llega al Parqeu das Ruinas, un mirador que permite ver buena parte de Río: la ensenada de Botafogo, el aeropuerto Santos Dumont y la Catedral.


Platos, tragos y baile

En el Bar do Mineiro (en Largo de Guimaraes) se puede comer feijoada a cualquier hora, por unos 30 reales para dos personas. En el Bar do Gomes (esquina de Santa Linha Dois Irmãos y Rua Áurea), uno de los más míticos del barrio, ofrecen licor de jengibre artesanal. Para bailar samba y paladear delicias autóctonas está Os Democraticos (calle Riachuelo 91), un enorme primer piso de un edificio mítico, en el que toca una orquesta en vivo.



datos útiles:

Tranvía: las dos líneas de bondinho que recorren Santa Teresa salen de la estación Carioca, junto al edificio de Petrobras, y a dos cuadras de la estación Carioca del subte.

Prepare su cámara cuando pase por los Arcos de Lapa; es una de las imágenes más famosas de Río. El pasaje cuesta 0,60 real.

Museo Chácara do Céu, Rua Murtinho Nobre 93, Santa Teresa, RJ.

Parque das Ruinas: Rua Murtinho Nobre 169. Santa Teresa, RJ.

www.riodejaneiro-turismo.com.br.

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