Wall Street perdió la calma por primera vez, pero se abrió paso igual aferrándose a las ganancias de empresas, datos más sólidos de la economía, la confianza en la Fed y la marcha de las tasas.
INTERROGANTE. ¿Qué tan bueno sería un presidente Pence para la Bolsa?, se preguntan los financistas, sobre una posibilidad remota.
Wall Street se dio una vuelta por el lado salvaje, cortesía del presidente Trump. El miércoles se zambulló el 1,8%, lo que nunca en los últimos ocho meses, de la mano del Rusia-gate. Jueves y viernes rebotó como si nada. De no ser por dos misiles informativos de última hora -lanzados desde el New York Times y el Washington Post- hasta hubiera podido nivelar los números. Aun así, sabiendo que hay un funcionario de la Casa Blanca bajo investigación, la Bolsa se las arregló para retroceder apenas el 0,4% en la semana que fue, de lejos la peor de la administración. Ver al Presidente trepar a un avión con rumbo a su primer viaje al exterior fue un alivio. Quizás el jet lag acuda en su auxilio. No hay peor defensa que un mal ataque y desde que Trump despidió a James Comey, el director del FBI, más se prodiga en ofensiva y más se entierra. El pez por la boca muere, enseña el refrán. Y nadie se apiadó y le desconectó el Twitter.
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Si Trump quería desalentar una investigación sobre sus vínculos con la Rusia de Putin no pudo ser más torpe. Se habló de Watergate y de "impeachment" como no se escuchaba en años. Y se toman apuestas en los sitios especializados. ¿Qué chances hay de que el presidente abandone el poder antes de fin de año? 20%, según los contratos de Predictwise.com. Predict.it arriesga un 28%. ¿Y el año que viene? el 19%. Pongámoslo de otra manera: ¿qué tan probable es que culmine su mandato en 2020? Es tirar una moneda levemente defectuosa al aire: un 48%. ¿Tan así es? De Trump depende. No hay otra fuerza destituyente que justifique semejantes números. Este no es el guión de House of Cards -como recita Michel temer en el Planalto- sino el de Los Locos Addams. El primer paso para zafar del ahogo es que Trump suelte la pala y deje de cavar. Queda claro que ni su jefe de Gabinete, Reince Priebus, ni su yerno Jared Kushner (ni antes Steve Bannon) pueden enderezar el timón de la Casa Blanca. Hay que convocar a un profesional pronto, antes de que el ímpetu amateur de Trump hunda el barco en la pileta reflectante de Washington DC.
El "impeachment" es un asunto político. Y un Gobierno con mayorías en ambas Cámaras del Congreso debería estar blindado. Sin embargo, Trump no puede transformarse en un peso muerto porque los legisladores de su partido no querrán (ni podrán) sostener el lastre, so pena de perder sus bancas. Las encuestas no dan bien, pero lo que importa es no perder el apoyo del votante republicano. Y con sus dislates Trump está jugando a la ruleta rusa con un capital crítico.
Wall Street perdió la calma, y la vertical, por primera vez desde las elecciones de noviembre. Indiferente a los fracasos de la gestión de gobierno, el rally se abrió paso igual montándose a la resurrección de las ganancias de las empresas, al andar más sólido de la economía global, a la confianza que despierta la normalización de las tasas de interés que pilotea la Fed sin evidencias de daño colateral, y al voto pro-globalización de las elecciones en Europa. De Trump espera una rebaja de impuestos y un envión desregulador, ya sin grandes exigencias de tiempos y magnitud. No obstante, la sombra creciente de una crisis política le pasó factura. Lo alentador es que duró poco. Jueves y viernes la caída se revirtió como oportunidad de compra. Ahora bien, si sintió el golpe, habrá más en camino. El agitado Comey prestará testimonio en el Congreso después del 29 de mayo, y no se irá en fintas. Una minicorrección del 5% antes de julio luce más probable hoy que siete días atrás, cuando Wall Street era imperturbable.
Si la crisis política se complica de veras, EE.UU. tiene una ventaja (de la que no goza, por ejemplo, el Brasil de Temer): la ruta de evacuación está claramente delineada. ¿Qué tan bueno sería un presidente Pence para la Bolsa?, se preguntan los financistas. La respuesta de los seis peniques: llegado el caso, por ahora remoto y evitable, sería un alivio. Muerto el rey, viva el rey. Y larga vida al Pence rally.
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