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El valor estético e histórico de “La carpeta de los 10”
El bailarín Antonio Truyol según Annemarie Heinrich. El atractivo mayor de la muestra reside en descubrir las complicidades que compartía este grupo de rusos, alemanes, polacos, húngaros, austríacos, italianos y sólo dos argentinos.
El colectivo, fundado en Buenos Aires por iniciativa de Schiffer en el año 1952, según un modelo de Londres, permaneció activo hasta 1959. Aunque las imágenes rinden cuenta de la diversidad estilística reinante entre los integrantes de «La Carpeta.», se advierte el predominio de las búsquedas experimentales. En esta tendencia figuran los fotomontajes de Schiffer y Friedman, y los desnudos realizados con negativos superpuestos que configuran «el doble del cuerpo» (joven) de Isabel Sarli tomado por Alex Klein. Hay retratos clásicos, pero en algún sentido reveladores. El perfil de Joaquín Torres García demuestra el carácter intenso del personaje y también el del fotógrafo, Anatole Saderman, y en la teatralidad del rostro del bailarín Antonio Truyol tomado por Annemarie Heinrich, aparece la identidad escondida detrás del artificio del maquillaje. Y, justamente, las imágenes de Heinrich son las únicas que se presentan acompañadas por las páginas de la Carpeta, donde los integrantes del grupo incluían una foto y una página en blanco, para que sus colegas formularan un comentario.
La Carpeta pasaba de mano en mano. Algunos escribían brevísimos análisis críticos o sugerencias técnicas, otros, sus más sinceras impresiones, siete u ocho líneas apenas, pero firmadas. Entre ellas figuran las de Ilse Mayer, quien acerca de un retrato con doble rostro que tomó Heinrich a una actriz francesa, comenta con ingenuidad que «sería excelente si se tratara de mellizas», y agrega que no le gusta que ella «se mire a sí misma»; rechaza, en suma, la idea del doble. Por su parte, Saderman enuncia una crítica: observa que no aprovechó los recursos en su totalidad.
Hay fotografías escasamente conocidas que suscitan el mayor interés, pero más allá de su valor estético e histórico, el atractivo de la exposición reside en descubrir, aunque sea parcialmente, las complicidades y el diálogo que compartían entre sí los socios de este equipo cosmopolita. Rusos, alemanes, polacos, húngaros, austríacos, italianos y sólo dos argentinos, tenían la fotografía como lenguaje común.
Si bien los actores de esta asociación organizaban exposiciones y consolidaron cierto poder frente a la hegemonía academicista de los años 50, la principal razón de ser de «La Carpeta.», parece haber sido someter sus propias exploraciones vanguardistas a la evaluación crítica de sus pares.
Es así que, con el impulso de los ideales comunes y la acción colectiva, la fotografía argentina cruzó la línea que la obligaba a cumplir la función utilitaria de representar la realidad con fines sociales o documentales, para convertirse en un medio más de expresión artística, como la pintura o la escultura.
Entre las imágenes históricas hay una que llama la atención. La debilidad es un rasgo casi ajeno al heroico imaginario peronista, pero allí está una imagen de Fusco tomada en 1951 que lo tiene todo: Evita emocionalmente quebrada en el balcón de la Casa Rosada, con su cabeza reclinada sobre el pecho de Juan Perón que la abraza, protector; junto a ellos, hay dos enormes micrófonos y los testigos de un gesto de inesperada ternura, media docena de políticos engominados, con camisa y corbata; detrás, a lo lejos, en la plaza, se divisa la multitud.
Hay algunas imágenes que quedan reverberando en la memoria, como las fotos de moda de Senderowicz, que parecen volver el tiempo atrás. Sus mujeres, bellas, desafiantes y fumadoras, ganaban territorio con celeridad. De ese tiempo rupturista que no ha de volver, está la foto de una mujer tan alta y delgada como soñaban ser las modelos, con su cintura de avispa y una falda amplia como una flor, siguiendo el New Look del triunfante Christian Dior.
La muestra es didáctica, permite al espectador situarse en la época y comprender la diversidad de estilos que se cruzaron en esos años. Acompañada por documentos, publicaciones, cámaras y objetos, la exhibición está respaldada por el trabajo de búsqueda de material de las galeristas de Vasari, Marina Pellegrini y Lauren Bate, un texto de Alicia Lombardelli, y el archivo de Annemarie Heinrich que sus hijos, Alicia y Ricardo Sanguinetti, ambos fotógrafos, han sabido cuidar y preservar.
Varios miembros de «La Carpeta.» abandonaron la Argentina y murieron en el exterior, no obstante dejaron aquí una firme influencia y parte de sus obras que pasada más de media centuria, la muestra ha vuelto a reunir.
Festival de la luz
Justo cuando Buenos Aires alberga en el Malba una extensa e imperdible exhibición de Robert Mapplethorpe, con sus esculturales desnudos, sus flores y retratos, la fotógrafa Elda Harrington presentó, junto a Silvia Mangialardi, en el Centro Cultural Borges la XVI edición de los Encuentros Abiertos - Festival de la Luz 2010, que se inician el día 2 de agosto en todo el país. Las directoras de estos Encuentros, anunciaron el tema de la nueva edición, «Identidades en tránsito», una referencia abierta a las migraciones. Se presentan 96 muestras oficiales en museos y centros culturales de todo el país (con entrada libre y gratuita); ciclos de conferencias y debates; foro de portfolios (única actividad arancelada del festival); intervenciones urbanas; presentaciones de libros; proyecciones de cine y concursos y visitas guiadas a cargo de artistas y curadores. Además, 90 galerías, museos y centros culturales y espacios de arte mostrarán fotógrafos argentinos y extranjeros. Llegarán más de 30 invitados internacionales, entre artistas y curadores; fotógrafos de México, Perú, Alemania, Uruguay, Dinamarca, India, Francia, Suiza, Corea del Sur, EE.UU., Holanda, Italia, Australia, España, Chile y Brasil, presentarán sus obras en esta bienal. (Más información: www.encuentros abiertos.com.ar).


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