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“El valor simbólico de Tanguito va más allá de su historia”
Ariel Del Mastro: «‘Tango Feroz’ tiene muchas analogías con lo que yo quería contar. Al igual que la película, aquí no aparece el Tanguito real».
Esta versión -con música de la película y proyecciones de video- estará encabezada por Fernando Dente (Tanguito) y Florencia Otero (Mariana), en los mismos papeles que en 1993 protagonizaron Fernán Mirás y Cecilia Dopazo bajo la dirección de Piñeyro.
«Tango Feroz tiene muchas analogías con lo que yo quería contar. Al igual que la película, aquí no aparece el Tanguito real, porque de colocarlo en una instancia más documental corríamos el riesgo de empobrecer a un personaje que tiene su halo romántico y soñador. Por sus características e ideales, uno se enamora un poco de él y a mí me interesó mostrar cómo el sistema lo va empujando hacia la alienación», señala Del Mastro.
Más allá de las licencias poéticas del caso, José Alberto Iglesias, «Tanguito» (1945-1972) sigue perdurando en el imaginario colectivo como coautor de «La Balsa» (junto a Lito Nebbia) y es considerado uno de los pioneros del rock argentino. Su imagen de bohemio rebelde y callejero, desvalido y solitario no fue gratuita, ya que su vida cotidiana siempre fue difícil e inestable. Perseguido con insistencia por la policía -en parte por su adicción a las drogas- murió a los 26 años al caer accidentalmente bajos las ruedas de un tren, luego de fugarse de una institución psiquiátrica, cuando ya había sido devastado por los electroshocks y los tratamientos insulínicos.
Periodista: ¿Qué período abarca la obra?
Ariel Del Mastro: De finales de los 60 a principios de los 70. Es la época de Onganía y Lanusse. Cuando la policía te llevaba preso por tener el pelo largo y estaba prohibido hacer música en la calle.
P.: Como en «Despertar de primavera», aquí también hay una juventud que busca su identidad en un contexto social que la reprime brutalmente.
A.D.: Mi búsqueda de historias siempre está orientada a buscar temas muy nuestros, como esta juventud contestataria que se rebela contra el mundo que les tocó vivir. «Tango Feroz» me permitió encauzar una historia que tenía en mente desde hace tiempo. Sobre un grupo de jóvenes que en los 70 estaban terminando la facultad y que veinte años después se reencuentran por una circunstancia equis y ponen en claro cómo traicionaron sus ideales en relación a lo que son hoy.
P.: ¿Qué lo atrajo de «Tango Feroz»?
A.D.: Fue una sugerencia del marido de mi hija. Yo había visto «Tango Feroz», veinte años atrás. Recuerdo haber ido a una función a la una de la madrugada, cuando no se acostumbraba ir al cine a esa hora. Es que la película convocaba multitudes, incluso a gente que no acostumbraba a ver cine argentino. Cuando volví a verla, me di cuenta que todo lo que yo quería contar, estaba en esa película.
P.: Hay una historia de amor.
A.D.: Olvídese de la historia romántica de Mariana y Tango, ésa es sólo una faceta de la historia. Yo preferí desarrollar otras líneas del guión, con personajes secundarios que luego crecieron mucho. Es ahí donde aparecen distintas traiciones: de alcance social y otras más individuales que se producen en el plano político, artístico y económico. Los únicos que no traicionan son Tango, que es un ser muy libre a quien el sistema no puede dominar y entonces lo termina destruyendo, y Mariana que trabaja en las villas y tiene un gran compromiso social. En la película era una chica casi débil y aquí es muy aguerrida. Los chicos del elenco me joden con que Mariana es la mujer de la que yo hubiera querido enamorarme y por eso la construí así.
P.: ¿Qué consecuencias tuvieron aquellas traiciones?
A.D.: Creo que si todos hubiéramos tomado un mayor compromiso o tenido otra actitud en el contexto en el que está contada esta historia, hoy tendríamos un país muy distinto y seguramente no hubiéramos tenido ese desastroso gobierno militar que generó el período más horroroso de nuestra historia. Es algo metafórico, no es que la obra se digan estas cosas, pero de algún modo están sugeridas.
P.: ¿Usted cree que la sociedad argentina tiene un alto grado de responsabilidad que todavía no pudo asumir?
A.D.: Todos tuvimos que ver con que aquello pasara. Lo mismo conté en mi versión de «Cabaret», con ese espejo que bajaba y nos reflejaba a todos. Fue una manera de decir: «Hagámonos cargo».
P.: ¿A qué público apunta?
A.D.: Obviamente, a las personas de 40, 50 años que tienen plata para ir al teatro y que, en su momento, se sintieron muy movilizadas por la película. Para mí sería un éxito si viniera el público joven. Porque ésta es una obra contemporánea. No estamos haciendo un desarrollo histórico de la vida de Tango, pero lo que se cuenta está enmarcado en lo que entendemos como el mito de Tanguito. Hay muchas cosas de la obra que me movilizan y que están muy ligadas a mis años de exilio [cuando abandonó el país junto a su madre, Nacha Guevara]. «Tango Feroz» tiene una vigencia social y política que va con el aquí y ahora de los argentinos. Para eso investigamos a fondo y fue entonces cuando me quedó más en evidencia, todo lo que podría haberse evitado si hubiéramos sido más activos. Es lo mismo que está pasando ahora. Votamos y creemos que con eso ya se terminó nuestra responsabilidad cívica.
Entrevista de Patricia Espinosa


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