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El vínculo con Chávez, factor que inquieta a tribus ultra-K
Hugo Chávez
La sorpresa por la renuncia explosiva de Jorge Taiana, el viernes, y la designación de Timerman, aspirante a canciller hace años, generó en simultáneo intriga en ámbitos oficiales, diplomáticos y políticos sobre un eventual giro en la relación con Caracas.
Alerta, con el radar prendido, el ahora ex embajador en Washington usó una tribuna matutina para enfocarse en el caso Venezuela y asegurar que no habrá cambios al respecto. Fue un mensaje claro respecto de que su judeidad no será un estorbo en el vínculo con Chávez.
Las tensiones del bolivariano con Israel y la comunidad judía, que tuvo como espejo en Buenos Aires a Luis DElía -quien, sin embargo, se enfoca sobre el «Estado judío»- no ha sido obstáculo hasta ahora para la fluidez comercial, y política, entre la Argentina y Venezuela.
El recelo que generó su designación, explicitada en círculos de la diplomacia y la política, se centró en ese elemento aunque, con las horas, también escaló a otros planos más personales como, por ejemplo, la convivencia laboral con Timerman.
De todos modos, al igual que con Taiana, o quizá más, la diplomacia con Caracas seguirá digitada desde Olivos y con una terminal esencial en el despacho de Julio De Vido. El paraguas sobre el comercio con el chavismo seguirá vigente con Timerman.
Líbero, sin estructura propia, el ex periodista llega a la Cancillería sin equipo ni escoltas lo que, a priori, sugiere que derivará en la continuidad del grueso del elenco que en el último tiempo acompañó a Taiana, excepto Rodolfo Ojea Quintana y Victorio Taccetti.
Salvo que, en su furia K, Timerman replique o potencie los modos del matrimonio Kirchner que en un suspiro dejó en suspenso un trámite diplomático de importancia histórica, en 10 días comienza la negociación Mercosur-Unión Europea, en medio de expectativas inéditas.
Eje esencial
Esas conversaciones, la Cancillería las dejó en manos de Alfredo Chiaradía, secretario de Comercio -que sólo comparte con Guillermo Moreno la sinonimia en la nomenclatura de su cargo- y son un eje esencial en el frente comercial de los próximos años.
Lo intempestiva de la salida de Taiana se refleja en un dato puntual: el jueves, el canciller mantuvo contactos con sus pares del Mercosur para sondear la disponibilidad en la agenda de los presidentes para participar de la cumbre de San Juan el 29 y 30 de julio.
Aunque, el viernes, Taiana comentó que su salida era una posibilidad cierta desde hacía algún tiempo, y que los regaños sobre su supuesta falta de lealtad fueron nada más que el empujón último para decidirlo, también es cierto que la Casa Rosada no midió costos.
El Gobierno -en esa unidad automática que construye cuando sobrevuela la acusación de traidor- encontró, o imaginó, argumentos múltiples para explicar la salida del canciller. El más hiriente fue el que le imputó haber impulsado la participación de Brasil en el monitoreo de Botnia.
En la previa al levantamiento del Corte en Arroyo Verde, hubo disidencias públicas entre Cristina de Kirchner y su ex canciller respecto de la intervención de Brasil, tal como pedía José Mujica, como tercer actor -o árbitro- en el monitoreo de la pastera.
Sobre Taiana, que se esfuerza en jurar que seguirá participando del proyecto K a pesar de las acusaciones marciales de la Presidente, el Gobierno derramó la especie de haber promovido el ingreso de Brasilia al club de los policías ecológicos del río Uruguay.
Incierta, si no falsa, esa sospecha fue suficiente para que Cristina de Kirchner lo empuje fuera del Gobierno aunque, en ese movimiento desestabilice, en un momento clave -se avecina, además, la cumbre del G-20- el esquema de relaciones exteriores sobre la base de un supuesto.
Un rasgo típico del septenio K: cuando, por mérito propio o errores ajenos, ingresan en una etapa de calma, el matrimonio se esmera por producir episodios que alteren esa bonanza pasajera. Se repitió en el caso Taiana.


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