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El virus Madoff salpica ya a más bancos e inversores
Se sumó a la lista el banco británico HSBC y, al reconocer una exposición de casi u$s 1.000 millones, se convirtió en una de las mayores víctimas del fraude por u$s 50.000 millones. Royal Bank of Scotland y Man Group en el Reino Unido, el japonés Nomura Holdings, el franco belga Dexia y el francés Natixis también fueron golpeados por el escándalo.
Las firmas financieras hasta ahora acumulan unos u$s 10.000 millones en exposiciones directas e indirectas al fraude de Madoff, que fue arrestado el jueves. El operador habría orquestado un esquema de Ponzi: pagaba a sus clientes existentes con el dinero que recibía de sus clientes nuevos y no con retornos de inversiones reales.
El escándalo llega en un pésimo momento para los fondos de cobertura, ya muy lejos de rentabilidades anteriores. La asociación mundial de fondos de cobertura AIMA pidió en un comunicado garantías de una restitución a los inversores, mejoras en los procesos y salvaguardias «para prevenir que esta situación sea recurrente».
Man Group, el mayor gestor de fondo de cobertura que cotiza en Bolsa, reveló que se expuso al fraude a través de su división RMF, al invertir u$s 360 millones en fondos vinculados con Madoff. El italiano Unicredit declaró una exposición de u$s 100 millones. RBS, por operaciones de intermediación y préstamos con colaterales a dinero de fondos de cobertura invertido en el grupo, calculó una pérdida de hasta u$s 595 millones.
Por sus estrechos lazos con la poderosa comunidad judía neoyorquina, el financiero de 70 años también perjudicó a personas y sociedades vinculadas a esa confesión, como las fundaciones Robert I. Lappin Charitable, que financia viajes de jóvenes judíos a Israel, la Chais Family Foundation, defensora de causas judías en el extranjero, y la Elie Weisel, para sobrevivientes del Holocausto.
Mientras tanto, aumentan también el desconcierto y la indignación hacia los reguladores estadounidenses, a los que la estafa parece haberlos tomado por sorpresa pese a que se cree que estaba en marcha desde hace casi dos décadas. El analista estadounidense Bill Griffeth defendía ayer que uno de los grandes problemas fue que a las autoridades «les resultaba incómodo preguntar a Madoff» sobre la transparencia de sus cuentas, dada su reputación y contactos.


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